Las últimas cifras del mercado laboral: un llamado al Gobierno a despabilarse

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17 Ene 2019

Las cifras del mercado laboral que publicó ayer el INEC muestran un nuevo deterioro en los indicadores. De todos los resultados a nivel nacional que se presentan, conviene destacar dos: la caída del empleo adecuado y el aumento de la informalidad, que de hecho parecen ser las dos caras de una misma moneda.

El INEC define a los empleados adecuados como las personas que perciben ingresos no menores al salario mínimo y trabajan la jornada legal de 40 horas a la semana, o aquellas que, trabajando menos horas (pero ganando al menos el mínimo), no desean trabajar más. En diciembre de 2017 los empleados adecuados representaban el 42,3% de la Población Económicamente Activa (PEA, que se refiere a todas las personas de 15 años o más que trabajan o están buscando trabajo); en diciembre de 2018 esa tasa se redujo a 40,6%. Esa tasa fue la segunda más baja para un mes de diciembre desde que se tiene información comparable (2007), superando sólo al 39,2% de diciembre de 2009.

A su vez, el porcentaje del total de empleados (ya sea adecuados o inadecuados) que trabajan en el sector informal (es decir, personas que trabajan en empresas o emprendimientos personales que no tienen RUC) se ubicó en diciembre de 2018 en 46,2%, dos puntos porcentuales más que un año atrás. La tasa de informalidad del mes pasado es la más alta para un mes de diciembre desde que se tiene información comparable. Cabe mencionar que tanto la caída del empleo adecuado como el alza de la informalidad son estadísticamente significativas.

Hay algunos otros puntos que conviene señalar:

– Si bien el subempleo (personas que trabajan menos horas de las que quisieran y ganan menos que el salario mínimo, o que trabajan menos de la jornada legal y quisieran trabajar más, sin importar cuánto ganen) cayó de 19,8% a 16,5% de la PEA entre diciembre de 2017 e igual mes de 2018, en el mismo período el “otro empleo no pleno” (personas que trabajan menos que la jornada legal y ganan menos que el mínimo, pero no quieren o pueden trabajar más) subió de 24,1% a 28,8%. Es decir, el empleo inadecuado total (que incluye al subempleo, el otro empleo no pleno y el empleo no remunerado, que no mostró una variación significativa) siguió subiendo.

– La tasa de desempleo cayó de 4,6% a 3,7% de la PEA, pero, como hemos insistido en informes anteriores, en el caso del Ecuador la tasa de desempleo es irrelevante porque excluye a todas las personas que durante la semana de referencia de la encuesta percibieron cualquier tipo de ingreso laboral.

– La tasa de participación global (PEA / Población en Edad de Trabajar) se redujo en dos puntos porcentuales, de 67,7% a 65,6%, lo que podría estar indicando un “efecto desaliento”, es decir, que algunas personas se cansaron de buscar trabajo y, por tanto, salieron de la PEA.

– Dentro del total del empleo asalariado, la participación del sector público se redujo de 18,8% a 16,7% entre diciembre de 2017 e igual mes de 2018; como contracara, el peso del sector privado subió de 81,2% a 83,3%. Dada la caída del empleo adecuado mencionada previamente, esa mayor participación del sector privado no refleja necesariamente una mayor demanda de trabajadores por parte de las empresas.

Pero volviendo a los dos puntos que, en nuestra opinión, destacan en el último informe del INEC, tanto la caída del empleo adecuado, como el aumento de la informalidad constituyen un llamado de atención claro al Gobierno para tomar medidas que permitan impulsar la contratación de nuevos trabajadores. El hecho de que apenas 4 de cada diez personas que trabajan lo hagan en condiciones adecuadas y que la informalidad esté en niveles récord debe llevar a las autoridades a impulsar las reformas que permitan flexibilizar el mercado laboral, lo que podría ayudar no sólo a que un porcentaje mayor de trabajadores se vinculen al sector formal, sino también a recuperar la competitividad del sector productivo. Lamentablemente, las medidas adoptadas en ese sentido han sido pocas (para sectores puntuales) y, por el contrario, se ha seguido aprobando alzas sin sustento en el salario básico unificado. Al respecto, otro dato del reporte del INEC muestra que esa medida favorece sólo a unos pocos y perjudica a una mayoría: entre diciembre de 2017 e igual mes de 2018, pese a que el SBU subió de 375 a 386 dólares y la inflación apenas superó el 0%, el ingreso promedio de los trabajadores, medido en dólares constantes, se redujo.

Más allá de que esa caída del ingreso promedio, junto con el aumento de la informalidad y la reducción del empleo adecuado, podrían explicar el aumento de dos puntos en la pobreza por ingresos que se registró en el sector urbano (a nivel nacional se dio un aumento pero no fue estadísticamente significativo), lo cierto es que los últimos indicadores del mercado laboral deben servir para que el Gobierno se despabile en este tema.

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