Acuerdo con el FMI: la importancia de no generar falsas expectativas

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6 Mar 2019

El acuerdo preliminar que el Gobierno alcanzó con el FMI constituye la decisión de política económica más importante de los últimos años. Si bien ese acuerdo, en caso de ratificarse, no garantiza que el Ecuador vaya a dejar atrás la complicada situación económica que atraviesa, es un paso adelante por al menos tres motivos: i) parece marcar una ruptura definitiva con el irresponsable y dispendioso manejo económico de los últimos años; ii) mejora notablemente el perfil del nuevo financiamiento externo y otorga cierto oxígeno a las reservas del Banco Central cuando los mercados internacionales se mostraban muy poco dispuestos a seguir prestando dinero al Ecuador (muestra de lo cual son las condiciones de la última emisión de bonos soberanos); y, iii) compromete al Gobierno a tomar medidas, tal vez políticamente costosas, pero necesarias para recuperar los equilibrios fundamentales de la economía y retomar una senda de crecimiento sostenible que, a su vez, permita mejorar los indicadores del mercado laboral.

Respecto a ese tercer punto, la comunicación del Gobierno con la sociedad debe ser clara y balanceada. Es decir, si bien es comprensible que el Ejecutivo procure destacar los beneficios que el acuerdo puede traer consigo, también es importante comunicar adecuadamente los retos que la corrección de los desequilibrios implica, a fin de no levantar falsas expectativas sobre una recuperación inmediata. En ese sentido, en una entrevista publicada el domingo pasado en El Comercio[1], la gerente del Banco Central, Verónica Artola, envía algunos mensajes contradictorios y otros que pueden resultar demasiado optimistas para una economía que claramente enfrenta desafíos complejos.

La gerente del Banco Central dice, por ejemplo (y así lo destaca el diario en su titular), que “el crédito se puede expandir este año” y que el equipo económico está trabajando en ese sentido. En realidad, el crédito de los bancos al sector privado creció de manera importante tanto en 2017 como en 2018: en el primer año lo hizo al 20,7% anual y en el segundo al 11,1%. Los depósitos, mientras tanto, crecieron 7% en 2017 y 2,1% en 2018. Esta diferencia tan notoria entre el crecimiento de los depósitos y el de la cartera de créditos fue posible porque en 2016, en medio de la contracción de la economía, los bancos enfrentaron una caída importante en la demanda de crédito y acumularon mucha liquidez (lo que también se debió a la expansión monetaria ocasionada por los préstamos otorgados al Gobierno de entonces por el mismo Banco Central). En la actualidad, sin embargo, la liquidez del sistema de bancos privados está nuevamente en niveles prudentes y no puede seguir bajando al ritmo que lo hizo el año pasado. De manera que, contrario a una expansión crediticia, este año lo esperable es que los bancos moderen el ritmo de entrega de préstamos, a fin de ir igualando la tasa de crecimiento de los créditos con la de los depósitos, para la que no se espera un gran repunte pese al acuerdo con el FMI. Si bien el crecimiento de los depósitos en los últimos años ha estado determinado en gran medida por el ingreso al país de dólares procedentes de nueva deuda externa (y, en su momento, también por la liquidez creada por el Banco Central) y el acuerdo con el Fondo mejora el perfil de ese endeudamiento, resulta difícil pensar que el acceso neto a financiamiento externo en 2019 sea mayor que en los años previos. (También el crédito otorgado por las cooperativas creció de manera explosiva el año pasado y tampoco parece prudente seguir impulsando ese dinamismo).

En otra parte de la entrevista, cuando le preguntan sobre la situación de la economía ecuatoriana previo al acuerdo, la gerente del Banco Central contesta: “Hemos tenido crecimiento los últimos trimestres. Desaceleración o recesión, no hay”. Los boletines de cuentas nacionales de los últimos trimestres, en efecto, no muestran tasas de variación negativas, sin embargo, las cifras del mismo BCE sí dan cuenta de una clara desaceleración: según ese organismo la economía ecuatoriana creció 2,4% en 2017 y en 2018, de acuerdo con las últimas proyecciones oficiales, lo habría hecho al 1,1%, es decir, la tasa se redujo a menos de la mitad. Para 2019 la proyección de 1,4% (que ya es bastante más optimista que la del FMI) muy probablemente deba ser revisada a la baja, como consecuencia de las medidas de corrección fiscal en las que el Gobierno debe seguir avanzando para restablecer uno de los equilibrios básicos de la economía (el otro desequilibrio importante es el externo, generado por la pérdida de competitividad).

Un punto al que se refiere la gerente del Banco Central y que conviene destacar es la necesidad de que esa institución sea independiente, cosa que claramente no ha ocurrido en los últimos años, no sólo por el uso de prestamista que le dio el Gobierno anterior (debilitando las bases de la dolarización), sino también por el discurso oficialista que el Central mantiene hasta ahora (basta revisar su cuenta oficial de Twitter, donde se reproducen mensajes de distintas entidades del Gobierno, incluso si no son sobre temas económicos). Esa independencia es fundamental para que el Banco Central pueda ser un “tercero confiable”, que brinde al Gobierno y a los agentes en general cifras y proyecciones de crecimiento que no generen dudas (como lo han hecho en los últimos años) y cuyo discurso tenga un sustento técnico y esté libre de presiones políticas. Mientras tanto, al menos sería recomendable que el frente económico, del que el Central forma parte, dé una explicación clara y objetiva sobre los esfuerzos que en un primer momento la sociedad ecuatoriana deberá hacer para sanear la economía y poder ver el futuro con renovado optimismo.

 

[1] Ver: https://www.elcomercio.com/actualidad/entrevista-credito-bancario-fmi-acuerdo.html

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