Desaceleración económica y alertas en la balanza de pagos

En: Sin categoría

29 Mar 2019

El Banco Central del Ecuador (BCE) publicó esta mañana dos boletines muy relevantes para conocer el estado de la economía ecuatoriana: el de cuentas nacionales (crecimiento del PIB) y el de balanza de pagos, ambos con información hasta el último trimestre de 2018. El primero muestra la inevitable desaceleración de la economía en el contexto de la corrección del déficit fiscal y el otro deja en evidencia la magnitud del desequilibrio externo que afronta el país.

Según el boletín de cuentas nacionales, en el último trimestre de 2018 la economía ecuatoriana registró un crecimiento de 0,8% frente a igual período de 2017. Con este resultado, el más bajo desde finales de 2016, el crecimiento durante todo el año pasado fue de 1,4%, un punto porcentual menos que en 2017. Esta desaceleración se refleja en casi todos los componentes del PIB por el enfoque del gasto (Gráfico 1). Por su peso en la economía, destaca la desaceleración del consumo de los hogares, cuyo crecimiento bajó de 3,7% en 2017 a 2,7% en 2018. Otros componentes del PIB que redujeron sensiblemente su tasa de crecimiento fueron la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF, que se refiere a la inversión física, principalmente en construcción y en maquinaria y equipo) y las importaciones. En el caso de la FBKF la tasa de crecimiento pasó de 5,3% en 2017 a 2,1% en 2018, lo que en buena parte se explica por el fuerte ajuste en el gasto de capital que llevó adelante el Gobierno Central el año pasado. En el caso de las importaciones (de bienes y servicios), la tasa de crecimiento habría caído a la mitad: de 12,2% en 2017 a 5,8% en 2018. Según el BCE, en el último trimestre del año pasado las importaciones (medidas en volumen) crecieron apenas 2,5%. Este dato llama la atención ya que, según el mismo Central, en el último trimestre del año pasado las importaciones sólo de bienes crecieron (también en volumen) 12,9%, es decir, que para llegar a la baja tasa presentada para las importaciones totales se tendría que haber producido un desplome en las importaciones de servicios. Cabe recordar que las cifras que el Central publicó ayer son provisionales, por lo que se pueden dar revisiones en los próximos boletines (de hecho, esa ha sido la costumbre en los últimos años). En todo caso, si el crecimiento de las importaciones en 2018 termina siendo mayor al reportado inicialmente por el Central (y todos los demás componentes no muestran cambios), entonces el crecimiento de la economía en su conjunto habría sido incluso menor, ya que contablemente un alto crecimiento de las importaciones (que afecta a las exportaciones netas) impacta negativamente en el resultado del PIB global.

Por el enfoque del gasto, el único componente del PIB que registró en 2018 un mejor resultado que en 2017 fueron las exportaciones (también de bienes y servicios). No obstante, se trata de una mejora marginal (de 0,7% a 0,9%) que deja en evidencia el estancamiento que las ventas al exterior registran desde 2015, como consecuencia de la pérdida de competitividad externa del país, reflejada en una apreciación del tipo de cambio real. Esa pérdida de competitividad es, a su vez, la que explica los resultados de la cuenta corriente que analizaremos más adelante.

En cuanto al desempeño de las distintas actividades económicas, la mayoría registró en 2018 un peor resultado que en 2017. El caso más notorio es el de la refinación de petróleo, que pasó de un crecimiento de 9,5% a una caída de 10% (Gráfico 2). Manufactura, comercio, hoteles y restaurantes, agricultura, entre otras, mostraron una desaceleración. Ocurrió lo mismo con los servicios financieros y para este año se podría esperar una nueva desaceleración, ya que en 2018 la tasa de crecimiento de los créditos fue mucho mayor que la de los depósitos y eso no puede mantenerse así indefinidamente. Una excepción es el sector de la construcción, que venía mostrando variaciones negativas desde 2015, pero que en 2018 alcanzó un leve crecimiento de 0,6% pese al ajuste en el gasto de inversión del Gobierno Central que mencionamos previamente. Entre las actividades que no están detalladas en el gráfico, conviene señalar el crecimiento de casi 9% en acuicultura y pesca de camarón. Finalmente, el sector de enseñanza y servicios sociales y de salud registró, según el Banco Central, un crecimiento de 4,3% que resulta llamativo.

Respecto a las cuentas nacionales conviene señalar otro punto. Según el BCE, en 2018 el PIB, en dólares corrientes, sumó $108.398 millones. En el informe sobre la economía ecuatoriana que publicó hace poco el FMI (en el marco del acuerdo firmado con el Gobierno) esa institución estima que el PIB nominal del año pasado fue de $106.289 millones, es decir, $2.000 millones menos. Se trata de una diferencia importante que las autoridades del BCE deberían aclarar.

En cuanto a la balanza de pagos el dato más relevante es el déficit de $1.358 millones que la cuenta corriente registró en 2018. Se trata de un déficit tres veces mayor que el observado en 2017 (Tabla 1) y se explica por la pérdida de competitividad externa que mencionamos previamente y que implica un encarecimiento de los productos (bienes y servicios) ecuatorianos frente a los de nuestros socios comerciales. Esa pérdida de competitividad, que impulsa las importaciones a la vez que dificulta las exportaciones, es hoy por hoy el principal desequilibrio de la economía ecuatoriana, incluso por delante del desequilibrio fiscal, ya que tratándose de un país dolarizado (sin moneda propia) es muy difícil de corregir. En ese sentido, las reformas que permitan devolver competitividad al sector productivo (como una reforma laboral o la eliminación de tramitología) son urgentes. Más allá del crecimiento de las importaciones, otro factor que explica el mayor déficit en la cuenta corriente es el aumento en los intereses que se pagan al exterior por concepto de los bonos soberanos emitidos en los últimos años (contemplado en la línea “renta pagada”); esos intereses aumentaron en cerca de $500 millones.

Por el lado de la cuenta financiera conviene resaltar, como una noticia positiva, el crecimiento en la inversión extranjera directa, que pasó de $618 millones en 2017 a $1.401 millones en 2018. Si bien en relación al PIB aún se trata de un monto modesto (apenas superior al 1%), el discurso menos hostil hacia el sector empresarial y, ojalá, una estabilidad en las reglas del juego (seguridad jurídica) podrían hacer que esa tendencia de crecimiento se mantenga. No obstante, también para eso va a ser importante avanzar en las reformas que mejoren la competitividad del Ecuador frente a los países vecinos.

En conclusión, el boletín de cuentas nacionales (principalmente las cifras del último trimestre del año, cuando el crecimiento interanual fue de apenas 0,8%) anticipa lo que puede ser 2019, en el contexto de un ajuste fiscal que debe continuar este año y que difícilmente se vea compensado por una mayor inversión privada. Respecto a la balanza de pagos, el déficit en la cuenta corriente (más de la mitad del cual se generó en el último trimestre) debe mover a las autoridades a avanzar de manera más rápida en las reformas que permitan recuperar en algo la competitividad perdida en los últimos años. En 2018 ese déficit en cuenta corriente se vio compensado por un superávit en la cuenta de capital y financiera, pero ese superávit, más allá del crecimiento de la IED, se explica principalmente por acceso a nueva deuda y esa dependencia hacia el financiamiento externo como generador de divisas no es sostenible.

 

Formulario de Comentarios