Reperfilamiento de la deuda: una operación atinada

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17 Jun 2019

La operación de reperfilamiento de un tramo de la deuda externa que ha llevado a cabo el Ministerio de Economía y Finanzas es, en nuestra opinión, una operación atinada por el alivio que genera para las cuentas fiscales y la balanza de pagos en 2020. Si bien el interés al que están sujetos los nuevos bonos sigue siendo alto e implica, por tanto, un elevado costo financiero para los próximos años, el haber extendido en nueve años el plazo de amortización reduce la incertidumbre sobre el futuro inmediato de las cuentas fiscales y externas del Ecuador y abre la posibilidad para mejorar las condiciones de otros tramos de la deuda externa del sector público.

La operación tuvo dos partes. Primero, a inicios de la semana pasada, Ecuador emitió bonos 2029 por $1.125 millones. En realidad, fue una reapertura de la emisión que se hizo en enero ($1.000 millones), pero el interés en esta nueva emisión se redujo de 10,75% a 9,85%. Posteriormente, con esos recursos el país recompró el 78% de los $1.500 millones de bonos 2020 que se emitieron en 2015 y cuyo capital debía amortizarse en marzo del próximo año. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, la operación también generó una reducción en el saldo de la deuda externa, ya que mientras la emisión de los nuevos bonos 2029 fue por $1.125 millones, el stock nominal de bonos 2020 que se recompró fue de $1.175 millones.

El comunicado del Ministerio de Economía y Finanzas también señala: “De esta forma la presión sobre la caja fiscal se alivia y será posible canalizar recursos que se hubiesen dirigido al pago de deuda hacia el impulso de los proyectos de protección social, que son la prioridad del Gobierno Nacional”. Sobre este punto, la ventaja de haber postergado el vencimiento de la mayor parte de los bonos 2020 es que el Gobierno no debe obtener de otros sectores los recursos necesarios para hacer frente a esa obligación, sin embargo, eso tampoco puede significar elevar el gasto programado para 2020 en $1.175 millones, ya que eso afectaría al déficit fiscal (cabe recordar que el cálculo del déficit no toma en cuenta los créditos internos o externos que el fisco consigue ni tampoco los pagos de capital de la deuda pública) y a las metas acordadas con el FMI.

Tal vez incluso más importante que el alivio que esta operación genera a la caja fiscal, es que reduce la presión sobre la balanza de pagos. Como hemos señalado en ocasiones anteriores, en los últimos años el Ecuador ha cubierto sus déficits en cuenta corriente no con fuentes “deseables” de divisas en la cuenta financiera, como podrían ser una importante inversión extranjera directa o el ingreso de capitales al sistema financiero, sino con nueva deuda externa. En ese contexto, y ante una cuenta corriente crecientemente deficitaria (el saldo negativo de 2018 fue de $1.358 millones, tres veces mayor que el de 2017), una amortización por $1.500 millones podría haber derivado en un déficit importante en la balanza de pagos global, con el consecuente impacto sobre las reservas internacionales y la reducción de la cantidad de dinero primario en la economía.

Ahora bien, el interés de 9,85% al que están sujetos los bonos recientemente emitidos sigue siendo muy alto e implica, por el monto emitido, pagos de interés por casi $111 millones anuales. Frente a nuestros países vecinos esa tasa es aún dos o incluso tres veces mayor. En ese contexto, el Gobierno debe seguir avanzando en el proceso de consolidación fiscal que, si bien en un primer momento tiene un impacto negativo en el nivel de actividad, puede ayudar a que la percepción de riesgo sobre el Ecuador siga mejorando (entre el 1 de enero de este año y la semana pasada el riesgo país del Ecuador se redujo de 826 a 580 puntos básicos, ayudado en buena parte por una recuperación en el precio internacional del petróleo, pero también por acciones del Gobierno, como el acuerdo con los multilaterales y la reducción del déficit fiscal, que han permitido mejorar la imagen del Ecuador).

En resumen, la operación de reperfilamiento de la deuda puede considerarse positiva, pero los retos pendientes siguen siendo muchos: por el lado fiscal, continuar avanzando en el ajuste de las cuentas públicas y, por el lado externo, reducir la dependencia de la balanza de pagos hacia el financiamiento externo. Esto implica tomar medidas para recuperar aunque sea parcialmente la competitividad externa (reforma laboral, reducción de tramitología), lo que, junto con acuerdos comerciales con socios relevantes, daría impulso a las exportaciones y, a la par, haría del Ecuador un país más atractivo para la inversión extranjera.

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