Guayaquil, Ecuador
“Hay que reducir el tamaño del Estado” ese es el grito que con tanto ahínco y pasión han manifestado diversos sectores, generalmente acordes a ideas de derecha, alrededor del mundo. Pareciera que fuera parte de un discurso, o de un plan de trabajo, o simplemente el componente esencial de una formula electoral.
Y es que claro, en un mundo lleno de ciudadanos descontentos con la burocracia y la política, el simple hecho de decirles que aquel aparato será menor, y consigo traiga despidos de aquellos empleados públicos cuya existencia les molesta, pareciera una particular forma de atraer el voto.
Sin embargo, poco se habla del trasfondo, y no, ese no se basa en reducir nomina por hacerlo, o de despedir personas que no piensan igual o responden a los intereses del movimiento triunfador de los comicios, sino a algo más profundo, una teoría política que donde se ha aplicado de forma correcta, ha traído los resultados que tanto se mencionan en las referidas campañas electorales.
Para entender el gobierno limitado debemos partir de una teoría, o por lo menos así me gusta entenderla a mí, y esa es la del orden espontáneo de los individuos. Esta promulga que los seres humanos -como animales gregarios- se juntaran y sin necesidad de ley formarán estructuras que les sirva de escalafones para organizar su vida, producción y recursos. Estos seres, lo harán de forma natural y el resultado de esto será ley para todos.
El por qué es necesario entender esta teoría para saber a cabalidad como funciona el gobierno limita es enseñar a los ciudadanos que, no es necesario el ministerio por derecho, es decir, que por cada derecho reconocido en la constitución debe haber un ministerio que regule su “correcto funcionamiento”. Y nótese el entre comillas, porque mientras a más personas se ponga para administrar algo, menos eficiente será el manejo de ello.
El gobierno limitado entonces propone una solución integral, reducir al mínimo la carga del Estado, permitiendo a los ciudadanos organizar sus vidas acordes a sus aspiraciones particulares y sin necesidad de restringir o limitar el ejercicio de determinadas acciones, ya que mientras se trabaje entorno a la defensa de la vida, propiedad y libertad todo debe estar permitido.
Es inaceptable que, en un país tan pequeño, se tenga una carga de ministerios tan alta, como si estos fueran manejados por representatividad -modelo de Asamblea Nacional– es decir que por cada numero de habitantes un ministro o funcionario. No, esto no debe ser así, la teoría lo demostró en lo intelectual y la practica dejó sin suelo a aquellos que decían que creer en el texto era una simple utopía.
Pero, si el gobierno limitado es tan eficiente ¿Por qué no es aplicado? Por una sencillísima razón queridos lectores, este no es popular, a la gente le hace mas sentido que existan miles de ministerios, porque así creen que se “garantiza” el ejercicio pleno de sus derechos. Sin embargo, esto es así, el que existan tantos, limita esta acción y por lo tanto están -sin darse cuenta- hinchando al equipo contrario.
La baja carga ministerial debe ser una realidad, pero no la fusión para dejar en tablas al Estado, sino una reducción real, el multi funcionalismo de los dignatarios no debe ser un cuento, no necesitamos “especialistas” hasta en mover tazas, sino gente con sentido común y consciencia patria para poder sacar adelante al país, sin necesidad de inflar su tamaño, sino adoptando métodos eficientes como la reducción de su aparato estatal para que así, el que genere empleo sea el privado, el que regule la convivencia -aparte de las leyes- sea el orden espontáneo moralmente aceptado y el que determine el ritmo del progreso de una generación de ciudadanos, sean los mismo ciudadanos.

Estos son los beneficios de cuando les damos a ellos la capacidad de ser quienes elijan su destino en libertad.
