Es el déficit, estúpido

La ministra de Economía y Finanzas, Sariha Moya en una reunión de trabajo organizada por Jekaterina Doródnova, embajadora de la Unión Europea en Ecuador. Foto X, Ministerio de Finanzas

Joselo Andrade

Guayaquil, Ecuador

Empecemos por darle algo de contexto a esta frase, derivada de la campaña presidencial de Bill Clinton. Durante su contienda electoral contra George H. W. Bush (padre, para ponerlo en términos sencillos), se hizo muy popular una expresión que, en cierto modo, se convirtió en un eslogan de campaña, al punto de que muchos atribuyeron el triunfo presidencial a: “Es la economía, estúpido”. Y sí, el problema estadounidense, como casi siempre, era económico; al igual que en muchas otras naciones.

¿Ahora bien, a cuento de que viene esto?

En el Ecuador actual, se ha celebrado de forma grandilocuente el hecho de haber podido diferir “una deuda” para su pago posterior en los mercados internacionales. Me refiero al resultado general de la colocación de bonos por aproximadamente 4.000 millones de dólares, realizada hace pocos días. Sin embargo, el meollo del asunto es que solo alrededor de mil millones (por redondear) de los, en términos generales, 16.000 millones que necesita el gobierno ecuatoriano este año lograron ser diferidos.

Sí, solo “1.000 millones” de los “16.000 millones que se necesitan”. Por lo que, al final del día “el gobierno ecuatoriano solo alivió/difirió algo de lo que debe”, no lo que debe o necesita para este año. Esto es importantísimo, pues desmonta la idea de que “ahora contamos con dinero” para destinar a otras necesidades. Sencillamente, no hay plata, y, de hecho, aún necesitamos conseguir la diferencia. Por tanto, ir a buscar dinero afuera, va a seguir siendo gran, gran parte de la agenda del estado ecuatoriano.

¿Y entonces? Ahí es donde cobra sentido la frase que da inicio a este artículo: Es el déficit, estúpido. Sí, así de simple. Si no se corrige el déficit fiscal, la deuda ecuatoriana seguirá creciendo indefinidamente, y nunca dejaremos de extender la mano para pedir dinero prácticamente bajo cualquier condición. Así que, la próxima vez que alguien desvíe la atención de lo verdaderamente importante en materia de finanzas públicas, dile sin temor a equivocarte: “Es el déficit, estúpido”.

Seguimos conversando

Más relacionadas