Estela Zea de Furlato
Guayaquil, Ecuador
La presentación de Bad Bunny en el Super Bowl, celebrado el 8 de febrero de 2026, sigue generando polémicas y ha sido, probablemente, la más politizada en la historia de la NFL, convirtiéndose en un choque cultural y político en Estados Unidos con una carencia total de diplomacia deportiva.
La controversia no empezó en el escenario, sino semanas antes, durante los Premios Grammy, donde Bad Bunny lanzó un mensaje directo contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos con su grito de: «¡Fuera ICE! No somos salvajes, somos humanos y somos americanos».
Parece contradictorio que la NFL le haya dado el escenario más grande del país a alguien que critica abiertamente a una institución del gobierno; pero, aparentemente, la controversia es parte del «negocio» y hoy en día, los shows musicales presentados en eventos deportivos como el Super Bowl no son solo música: son también plataformas con mensajes políticos y sociales muy fuertes donde el artista no es un «ídolo», sino un producto usado para generar dinero con nuestra atención.
¿Quién lo contrató? Se dice que fue una alianza de tres potencias: Roc Nation (Jay-Z), estratega de entretenimiento de la NFL, cuyo propietario es un rapero que busca artistas que generen impacto cultural, no solo musical; la NFL (Roger Goodell), cuya postura oficial fue que Bad Bunny es uno de los artistas más populares del mundo y que su elección fue pensada para unir a la audiencia; y el tercero es Apple Music, patrocinador principal que solo busca números, y Bad Bunny es el artista más escuchado en su plataforma. En resumen, se podría decir que el dinero y la audiencia que el cantante atrae pesaron más que sus opiniones políticas para quienes lo contrataron, o que, esas opiniones, forman parte del negocio.
Por otra parte, vale la pena preguntarnos si el mensaje de Bad Bunny busca realmente ayudar a los inmigrantes o solo está usando una causa noble para generar polémica y vender más discos. En los Premios Grammy dijo: «No somos animales, somos personas», pero su música y baile parecen invitar a actuar por puro instinto. ¿Acaso promover al ser humano como objeto de placer no es animalizar a las personas?
Finalmente, no está de más comenzar a defender nuestra identidad hispana de la «latinización» que parece promover Bad Bunny. Ser hispanoamericano es mucho más que un ritmo de moda o una palabra como «latino» (utilizada en la modernidad para incluir a todos los países de lenguas derivadas del latín incluyendo Brasil en un mismo mercado). La hispanidad nos conecta con una raíz común de fe, lengua y una estructura de valores familiares que han sostenido a nuestras sociedades por siglos, mientras que, la latinización comercial, en cambio, suele ser una etiqueta de exportación que prioriza el ritmo y la estética sobre la profundidad ética y cultural.
