El Banco Central del Ecuador (BCE) ha revisado al alza sus proyecciones sobre el gasto nacional en combustibles para el presente ejercicio fiscal, estimando que la factura por la importación de derivados alcanzará los $9.153 millones: un incremento del 37,7% en comparación con los cálculos previas del organismo y contrasta drásticamente con lo proyectado originalmente en el Presupuesto General del Estado, donde se estimó un gasto de apenas $4.816,6 millones para este rubro.
De acuerdo con el informe técnico del organismo emisor, este drástico aumento en el monto total a pagar no responde a un mayor consumo de volumen. Por el contrario, las proyecciones indican que el volumen físico de combustibles importados experimentará una ligera reducción, al pasar de aproximadamente 81 millones de barriles en el año anterior a cerca de 80 millones de barriles proyectados.
El detonante del encarecimiento radica en la escalada internacional de los precios de los productos refinados, cuyo costo promedio por barril importado pasó de $82 a $114,80. Factores geopolíticos, incluyendo las tensiones en Medio Oriente, han impulsado la cotización global del petróleo y sus derivados, mermando el saldo positivo de la balanza petrolera ecuatoriana.
El BCE prevé que el superávit comercial del sector petrolero caerá en un 24%, situándose en $834 millones al cierre del año.
Aunque el país continúa exportando crudo pesado en volúmenes considerables, la falta de capacidad instalada suficiente en refinación interna lo obliga a importar la mayor parte de los combustibles limpios consumidos a nivel nacional.
Cifras oficiales reflejan que Ecuador debe recurrir al mercado externo para abastecer el 80% de su demanda interna de diésel, el 73% de las gasolinas y más del 92% del Gas Licuado de Petróleo (GLP).

