Guayaquil, Ecuador
Cuando un emprendedor o inversionista tiene ahorros, ideas de negocios, y están dispuestos a asumir riesgos de invertir, deben primero averiguar qué permisos se necesitan para poder formalizarse y vender en nuestro país, a qué instituciones acudir, el costo y tiempo de los trámites.
Cuando son muchas las regulaciones, el dinero destinado a cumplir trámites no puede utilizarse para comprar equipos, contratar empleados, maquinaria, etc. El tiempo dedicado a la burocracia es tiempo que no se utiliza para producir; la incertidumbre y el cambio constante de la ley dificultan calcular la rentabilidad real de una inversión y cuando las empresas son pequeños emprendimientos es mucho más difícil absorber los costos.
Cuanto más interviene un gobierno con normas, más se alteran las decisiones de millones de personas que intentan coordinar sus planes mediante el mercado. El premio Nobel de economía Friedrich Hayek explicaba que el conocimiento está disperso entre millones de individuos, un funcionario no dispone de toda la información sobre los negocios y una regulación uniforme, aunque bien intencionada suele ignorar el conocimiento local.
Y por otro lado, el economista y filósofo Ludwig Von Mises se apoyaba en la idea de que el empresario necesita precios, libertad de decisión y calculo económico para poder evaluar que producir, cuanto invertir y que recursos usar, por lo que cualquier traba que dificulta estas señales complican la creación de empresas y de empleo.
Pero el costo de las regulaciones no termina en el dinero que cuesta cumplirlas, también incluye los proyectos que nunca llegan a realizarse. No sabemos cuántos empleos se habrían creado, qué innovaciones habrían aparecido o en cuánto habrían aumentado los ingresos de las familias.
¿Cuánto tiempo y dinero pierde el país manteniendo barreras administrativas que no generan beneficios proporcionales? Hace unos días el Viceministro de Economía expuso que en nuestro país a un restaurante se le exige 27 permisos diferentes para poder operar, siendo esta carga regulatoria una barrera a la formalidad y el desarrollo. Y lo mismo podríamos esperar de cualquier otro sector.
Según una encuesta del Banco Mundial en 2024 en el Ecuador, el 41% de las empresas encuestadas calificaba el exceso de regulación como un obstáculo muy severo.

Menos regulación equivale a menores costos, lo que se traduce en más empresas, más inversión, más empleo formal y mayor recaudación, es momento de cambiar las reglas del juego y los procedimientos para aumentar las oportunidades de todos y ofrecer facilidades de emprender, invertir y contratar.
