Opinión

Indignado: Carta Abierta a José Serrano

Gonzalo Méndez
Guayaquil, Ecuador

Ha pasado poco menos de una hora desde que dos individuos me asaltaron, montados en una moto que treparon a la vereda en la que me encontraba para poder alcanzarme después de correr cuando los vi dirigiéndose hacia mí. A plena luz del día, y ante la mirada atónita – y algo asustadiza – de unas ocho o doce personas que caminaban por la calle, dos delincuentes (no quieran ustedes obligarme a usar la formalidad absurda de llamarlos “sospechosos”) me amenazaron a fin de que les entregue mis cosas: “Si no se deja, dispárale”, fue la instrucción que dio quien conducía la moto a su copiloto. Ocurrió a la vuelta de mi casa, a dos cuadras para ser precisos, después de bajar de un bus que tomé en la terminal terrestre para llegar al sur de la ciudad.

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