De alcalde heroico a bufón: La impresionante caída de Rudy Giuliani

Rudy Giuliani

De alcalde estoico que guió a Nueva York tras el ataque del 11 septiembre de 2001, la imagen pública de Rudy Giuliani ha sufrido en los últimos años un espectacular declive que lo ha llevado a ser a ser vapuleado y ridiculizado en medios y redes sociales como abogado personal de Donald Trump y ahora objeto de investigaciones por supuesta conspiración con funcionarios ucranianos.

Su papel de liderazgo en una Nueva York traumatizada por el peor ataque terrorista de la historia le valió el título de «alcalde de EE.UU.» y se le describió una y otra vez como un «héroe», mientras que la reina Isabel II lo condecoró con el título de Caballero Honorario de Su Majestad y la revista Time lo nombró «persona del año» en 2001.

Pero esta semana recibió el último de una serie de golpes que han ensombrecido su carrera -buena parte de ellos recibidos desde que se asoció con Trump- con el registro por parte del FBI de su residencia neoyorquina y su oficina, tras el que requisaron más de media docena de dispositivos electrónicos.

Investigaciones sobre Ucrania

En concreto, las autoridades de EE.UU. están tratando de establecer si Giuliani presionó ilegalmente al Gobierno de Trump en 2019 en favor de funcionarios y empresarios ucranianos, quienes, supuestamente, ayudaban al abogado a buscar trapos sucios sobre los rivales políticos de Trump de cara a las elecciones de 2020, incluido el actual presidente, Joe Biden.

Según los medios, las pesquisas también giran en torno al polémico cese en 2019 de la embajadora de EE.UU. en Ucrania Marie Yovanovitch, que en octubre de ese año insinuó durante una comparecencia ante el Congreso que su despido pudo tener que ver con los intereses financieros en Ucrania de los socios de Giuliani.

«Obviamente (…) me odian, y odian a Trump, lo cual sea probablemente la razón de todo esto», dijo el jueves pasado Giuliani, de 76 años, en sus primeras declaraciones tras el registro realizado por los fiscales implicados en el caso, que hizo en su propio programa de radio.

«Creer que soy una especie de espía ruso… Mira mi carrera. Quiero decir…mira mi pasado, mi carrera…», insistió el abogado, que también llegó a ser fiscal del Distrito Sur de Nueva York en la década de 1980.

Una imagen ya dañada

El exalcalde, sin embargo, había perdido ya una parte importante de su abultado prestigio cuando los agentes del FBI registraron su residencia. El momento que reflejó esto de forma más gráfica se produjo el pasado noviembre durante una de las numerosas ruedas de prensa en las que denunció las supuestas irregularidades de las últimas elecciones de EE.UU., en las que Trump, su cliente, perdía ante Biden.

Tras unos 40 minutos de exaltado discurso, en el que habló de fraude electoral sin presentar pruebas concretas, chorretones de sudor de color marrón empezaron a caer por sus mejillas, algo que el público achacó a algún tipo de producto que el neoyorquino había usado para tratar de tapar sus canas.

El abogado Rudy Giuliani con un líquido misterioso corriendo por sus mejillas.

Las fotos del extraño episodio, ocurrido poco después de conocerse los resultados electorales, corrieron como la pólvora por las redes sociales y fueron motivo de un sinfín de memes y chistes sobre el abogado, que además acaparó titulares y portadas.

«El tinte de pelo de Rudy se va a confundir con petróleo. Cómo no tenga cuidado EE.UU. lo va a invadir», bromeaba un usuario de Twitter. «Estar con Rudy Giuliani es tan horrible que hasta su tinte de pelo está tratando de escapar», decía otro.

Una larga lista de burlas

Días antes de este incidente ya había protagonizado otro fallo organizativo, cuando celebró una rueda de prensa representando a la campaña electoral de Trump.

Para sorpresa de los reporteros presentes, el evento tuvo lugar en una dilapidada zona de aparcamiento a las afueras de Filadelfia, cerca de un crematorio y de una «sex shop», y frente a un pequeño negocio de jardinería llamado Four Seasons Total Landscaping, que se cree que su equipo confundió con la lujosa cadena de hoteles Four Seasons.

El bochornoso error también fue objeto de incesantes burlas, aunque al menos hubo un beneficiado, ya que el pequeño establecimiento empezó a vender camisetas y otros productos con eslóganes en tono jocoso, con los que obtuvieron alrededor de 1,3 millones de dólares.

Pero poco antes de ese incidente, Giuliani ya había sido ridiculizado en la película satírica «Borat Subsequent Moviefilm», del humorista británico Sacha Baron Cohen.

Durante el rodaje del filme, que sigue un formato de falso documental, el asesor legal del presidente estadounidense concedió una entrevista a la actriz Maria Bakalova creyendo que era una periodista con la que, al terminar el cuestionario, accedió a tomarse una copa a solas en la habitación de un hotel.

Allí, las cámaras ocultas lo grabaron en un momento en el que se mete la mano en el pantalón tumbado en la cama frente a Bakalova, imágenes que lo retrataron como una figura pública que aprovecha su fama para mantener relaciones con jóvenes mujeres.

Esta semana, las redes han seguido bromeando sobre el último incidente que ha vivido Giuliani, el registro de su residencia, aunque este pueda tener consecuencias mucho más serias.

«Ahora sí que estará sudando Giuliani», dicen numerosas publicaciones de Twitter, que han vuelto a sacar a relucir las instantáneas del sudor de tonos oscuros, pero que esta vez los cibernautas han hecho chorrear por todo el rostro.

Un declive inexplicable

John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional de Trump, reflejó este sábado la perplejidad con la que la opinión pública está observando el veloz deterioro de la imagen del político y abogado.

«No lo puedo explicar. Creo que es muy trágico para Rudy y su familia. No lo puedo explicar», afirmó Bolton en una entrevista con la CNN sobre la transformación de Giuliani de héroe a una especie de híbrido entre bufón y villano.

«Pero mucha gente ha resultado dañada después de asociarse con Trump, porque a Trump solo le importa él mismo, y creo que Rudy es una de esas personas», zanjó. EFE (I)

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