
Guayaquil, Ecuador
En situaciones normales de libre mercado, cuando el precio de la materia prima aumenta, los productores buscan alternativas para evitar un incremento en el costo de vida, con el fin de no perder clientes. Hace algunas semanas, los productores de alimentos balanceados advirtieron sobre la escasez de su materia prima, el maíz, lo que suponía un posible aumento en el precio del pollo, los huevos y el cerdo.
El problema en nuestro país es que, debido a la excesiva regulación, los controles de precios y las instituciones que no fomentan, sino que restringen y dificultan la libre función empresarial, los productores no pueden tomar decisiones para enfrentar este tipo de problemas sin obtener primero el permiso del gobierno.
La solución más sencilla a un problema como este podría ser importar maíz más barato de países vecinos y otras partes del mundo, resolviendo así el problema y evitando el aumento de precios. Sin embargo, aquí las soluciones no son tan sencillas, debido a la intervención de quienes nos gobiernan.
Este tipo de problemas deben ser expuestos ante el Ministerio de Agricultura y Ganadería, organismo que debe autorizar la importación del grano. Este ministerio inicia un análisis de importación de maíz y establece el volumen que podría entrar a nuestro territorio para suplir la demanda, siempre que no afecte la escasa producción nacional.
¿Qué significa todo esto? Que prefieren proteger a unos pocos productores a costa de perjudicar a todos los consumidores del país. No les molesta que aumenten los precios, lo que afecta principalmente a los que menos tienen, con tal de permitir a unos pocos oligopolios aprovecharse de la situación, mientras demoran la solución.
Este es el tipo de problemas que surgen cuando los ciudadanos permiten pasivamente que quienes gobiernan y los grupos de presión limiten la competencia y se aprovechen de la situación.
La famosa escritora y filósofa Ayn Rand ya lo advertía en su libro «La Rebelión del Atlas» cuando decía: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando reparas que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada.”
Ecuatorianos, mientras el gobierno siga interviniendo en el mercado y en la libertad para tomar decisiones, continuaremos padeciendo los mismos altos precios y el elevado costo de vida.
