Quito, Ecuador
El sentido de urgencia de sacar el país adelante se desvaneció, pero esa urgencia sigue ahí. El ecuatoriano no la percibe, probablemente porque terminó la propaganda electoral. Pero, así como el “sí” no iba a solucionar nuestras vidas como arte de magia, tampoco el “no” lo consiguió. ¿Será que sin propaganda, tampoco hay conciencia?
Entre todo esto, hubo una noticia que voló bajo el radar de muchos: la designación de Enrique Herrería como secretario jurídico de la Presidencia. Su nombramiento es clave, pues su bagaje como juez constitucional desde 2019 es el vínculo perfecto para avanzar la agenda del Ejecutivo ante la Corte Constitucional. Con el tratado de Emiratos Árabes Unidos, se avecina su prueba más grande— hasta ahora.
Ecuador busca ratificar un convenio de inversiones con los Emiratos, para tratar de mejorar su nivel de captación de inversiones extranjeras. El país recibe 443 millones de dólares, frente a los 13.700 millones que recibe Colombia, 6.700 millones de Perú y 12.500 millones de Chile. Ante este paupérrimo desempeño, el potencial de inversiones que podrían canalizarse mediante el tratado con los emiratíes es enorme y vital para mantener nuestra competitividad regional.
Sin embargo, la viabilidad del tratado no está garantizada. Su éxito está en manos de la Corte Constitucional. Esta debe indicar si el tratado requiere de aprobación de la Asamblea Nacional. Evitar el paso por la Asamblea fuese el mejor escenario, además del jurídicamente correcto. En casos similares, la línea de la Corte Constitucional ha sido equívocamente restrictiva con los tratados internacionales.
La Corte de esos tratados ya no es la misma. Para empezar, Herrería fue quien en su momento sostuvo las posiciones más duras frente a los tratados y ahora defiende el firmado con los emiratís. Por otro lado, en la Corte solo quedan 4 de 9 jueces cuya reacia postura frente a los tratados conocemos. Eso significa que podría existir una nueva mayoría que enfoque el tema de modo distinto y —por primera vez en mucho tiempo— decida empatar la institucionalidad con los intereses del país.
El tratado con Emiratos Árabes Unidos nos dejará ver quién es quién. Es una doble prueba de fuego. Principalmente, para saber cómo se mueven las mayorías de la cuasi nueva Corte Constitucional posesionada hace menos de un año y, simultáneamente, para identificar qué tan reconstruida o rota está la relación entre el Ejecutivo y la Corte— más aún, con Herrería en un nuevo bando. El indicador será sencillo: el grado de flexibilidad o restricción frente al tratado.
Tal vez, el ecuatoriano no siente igual de fuerte esta urgencia por mejorar el país para bien; quizá, la Corte menos aún. Entonces, ¿significa que esa urgencia ha desaparecido? ¿El sentir determina el existir?
