Bad Bunny y la diplomacia deportiva

Bad Bunny se presenta en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks en el Levi's Stadium en Santa Clara, California, EE. UU., el 08 de febrero de 2026. EFE/EPA/CHRIS TORRES

Estela Zea de Furlato

Guayaquil, Ecuador

​La presentación de Bad Bunny en el Super Bowl, celebrado el 8 de febrero de 2026, sigue generando polémicas y ha sido, probablemente, la más politizada en la historia de la NFL, convirtiéndose en un choque cultural y político en Estados Unidos con una carencia total de diplomacia deportiva.

​La controversia no empezó en el escenario, sino semanas antes, durante los Premios Grammy, donde Bad Bunny lanzó un mensaje directo contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos con su grito de: «¡Fuera ICE! No somos salvajes, somos humanos y somos americanos».

​Parece contradictorio que la NFL le haya dado el escenario más grande del país a alguien que critica abiertamente a una institución del gobierno; pero, aparentemente, la controversia es parte del «negocio» y hoy en día, los shows musicales presentados en eventos deportivos como el Super Bowl no son solo música: son también plataformas con mensajes políticos y sociales muy fuertes donde el artista no es un «ídolo», sino un producto usado para generar dinero con nuestra atención.

​¿Quién lo contrató? Se dice que fue una alianza de tres potencias: Roc Nation (Jay-Z), estratega de entretenimiento de la NFL, cuyo propietario es un rapero que busca artistas que generen impacto cultural, no solo musical; la NFL (Roger Goodell), cuya postura oficial fue que Bad Bunny es uno de los artistas más populares del mundo y que su elección fue pensada para unir a la audiencia; y el tercero es Apple Music, patrocinador principal que solo busca números, y Bad Bunny es el artista más escuchado en su plataforma. En resumen, se podría decir que el dinero y la audiencia que el cantante atrae pesaron más que sus opiniones políticas para quienes lo contrataron, o que, esas opiniones, forman parte del negocio.

​Por otra parte, vale la pena preguntarnos si el mensaje de Bad Bunny busca realmente ayudar a los inmigrantes o solo está usando una causa noble para generar polémica y vender más discos. En los Premios Grammy dijo: «No somos animales, somos personas», pero su música y baile parecen invitar a actuar por puro instinto. ¿Acaso promover al ser humano como objeto de placer no es animalizar a las personas?

Finalmente, no está de más comenzar a defender nuestra identidad hispana de la «latinización» que parece promover Bad Bunny. Ser hispanoamericano es mucho más que un ritmo de moda o una palabra como «latino» (utilizada en la modernidad para incluir a todos los países de lenguas derivadas del latín incluyendo Brasil en un mismo mercado). La hispanidad nos conecta con una raíz común de fe, lengua y una estructura de valores familiares que han sostenido a nuestras sociedades por siglos, mientras que, la latinización comercial, en cambio, suele ser una etiqueta de exportación que prioriza el ritmo y la estética sobre la profundidad ética y cultural.

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