José Jerí dejó este martes de ser presidente interino de Perú tras un fugaz mandato de cuatro meses donde no pudo resistir las sospechas y dudas generadas por su comportamiento como mandatario, al mantener reuniones semiclandestinas con empresarios chinos y ser señalado de supuestas irregulares en la contratación de funcionarias que previamente había recibido en el Palacio de Gobierno.
Este abogado de 39 años, formado en Somos Perú, un partido de derechas especializado en la esfera municipal, fue censurado por el propio Congreso que lo puso en el sillón presidencial, y se convirtió en el séptimo gobernante en caer en medio de una arraigada crisis política que se prolonga durante cerca de una década.
Jerí ascendió a la jefatura de Estado el pasado 10 de octubre en su condición de presidente del Congreso, en el momento en que fue destituida su predecesora, Dina Boluarte (2022-2025), que a su vez reemplazó al encarcelado mandatario izquierdista Pedro Castillo (2021-2022), de quien era vicepresidenta.
Al Congreso había entrado en 2021 en sustitución del inhabilitado expresidente Martín Vizcarra (2018-2022) con apenas 11.600 votos.
En pocos meses, pasó de ser congresista raso y desconocido a presidir comisiones parlamentarias, luego el Legislativo, y de ahí al sillón presidencial.
Denuncia por violación
Su llegada a la jefatura de Estado estuvo marcada desde un inicio por una denuncia de violación presuntamente ocurrida a finales de 2024, que fue archivada por el fiscal general interino, Tomás Gálvez, por falta de pruebas biológicas, pese a que otro procesado en la misma causa había declarado que Jerí pudo presuntamente haber usado objetos u otros medios para consumar la violación.
Fruto de este caso, una jueza le ordenó someterse a una terapia para tratar una patología psicosexual, y durante sus primeros días se volvieron virales sus antiguos tuits, en los que mostraba una predilección por «sexo» y «mujeres», mientras que en su cuenta de Instagram seguía a centenares de perfiles de mujeres creadoras de contenido erótico.
En su labor parlamentaria, también fue acusado de un presunto enriquecimiento ilícito, al ser señalado de supuestamente haber cobrado dinero por sacar adelante proyectos de ley en la Comisión de Presupuesto del Congreso que llegó a presidir.
Estilo Bukele
Como presidente buscó asemejarse a Nayib Bukele en El Salvador o a Daniel Noboa en Ecuador, con una reforma del sistema penitenciario e intervenciones en las cárceles donde se exhibían a los presos en situaciones sumisas a las fuerzas de seguridad, sumado al estado de emergencia para combatir a las bandas criminales.
Esto le llevó a tener una popularidad de más del 50 % durante las primeras semanas, pero todo cambió a inicios de este año cuando trascendió que, ya como presidente, había mantenido una serie de reuniones semiclandestinas con empresarios chinos, algunos de ellos contratistas del Estado y de la propia oficina presidencial.
Entre ellos destaca Zhihua ‘Johnny’ Yang, a cuyo chifa – restaurante de comida tusán (peruano-china) – acudió en la noche del 26 de diciembre encapuchado para no ser reconocido, y cuya tienda de productos chinos visitó el 6 de enero cuando horas antes había sido clausurada por las autoridades municipales.
Luego saltaron los casos de una serie de funcionarias del Gobierno que fueron contratadas justo después de haber mantenido reuniones con el mandatario en el Palacio de Gobierno, una de ellas tras pasar ahí toda la noche de Halloween y salir de la sede presidencial a la mañana siguiente.
Esto llevó a que los partidos en el Congreso buscaran distanciarse de Jerí en un momento donde la mayoría de ellos busca buenos resultados en las elecciones generales convocadas para el próximo 12 de abril, tras haber tenido el país siete presidentes en los últimos diez años. EFE
