Acerca de la dictadura de Daniel Ortega

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, Rosario Murillo, en una foto de 2016.

Carlos Jijón

Guayaquil, Ecuador

Poco después que el dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, advirtiera que la candidata de la oposición, Cristiana Chamorro, tenía posibilidades objetivas de ganarle las elecciones presidenciales en 2021, la Fiscalía inició una investigación en contra de la periodista del diario La Prensa, propiedad de su familia, y la acusó de corrupción por, supuestamente, desviar fondos de la ayuda internacional y lavado de dinero.

Ortega se estaba postulando para su quinto mandato. Cristiana Chamorro terminó presa, con prisión domiciliaria. En una serie de actos administrativos tomados por organismos que según la Constitución deben ser independientes, Daniel logró que la Fiscalía, los jueces, la Procuraduría, las superintendencias, e incluso el Consejo Supremo Electoral, se pongan al servicio de su dictadura, ya descalificando candidaturas, ya borrando del registro electoral a partidos opositores.

Tuvo el buen juicio, sin embargo, no ser el único candidato que participaba en los comicios, de tal manera que él mismo escogió a sus opositores, candidatizándolos desde partidos cuyas directivas había tomado el control.

Sé que me he tomado la libertad de llamar por su nombre de pila al dictador de Nicaragua. Quizás sea porque lleva tantas décadas en la política latinoamericana que para mi ya es un viejo conocido. La primera vez que escuché su nombre habrá sido a fines d la década de los setenta, cuando una Junta encabezada por él asumió el poder tras la fuga del dictador, Anastasio Somoza Debayle, quien había heredado el poder de su hermano, Luis Somoza Debayle; ambos hijos de otro Anastasio Somoza García, el fundador de la dinastía.

Triste condición la de Nicaragua que parece llevar la dictadura en su adn.

Pero Nicaragua es también una nación que lucha permanentemente por su libertad. Quizás yo mismo sea periodista por la admiración que suscitó en mi, durante mi adolescencia, la figura de Pedro Joaquín Chamorro, el director del legendario diario La Prensa, asesinado por la dictadura de Somoza y cuya muerte sacudió de tal manera al continente que terminó por causar su caída.

La viuda de Pedro Joaquín, doña Violeta, que había integrado también la Junta Sandinista de Gobierno hasta que renunció consciente del objetivo de convertir a Nicaragua en una nueva Cuba, fue luego figura clavve en el ejemplo que dio entonces Nicaragua, de que las dictaduras también pueden ser desmontadas en las urnas.

En las primeras elecciones que hubo, presionadas por la comunidad internacional, doña Violeta, la viuda de Pedro Joaquín, y madre de Cristiana Chamorro, la actual líder de la oposición en el exilio, se presentó a elecciones y derrotó al dictador.

Con los años, en 2007, Daniel regresó al poder por elecciones pero nunca renunció a su vocación autoritaria y todavía no lo suelta. Lo primero que hizo, tras intentar someter a la prensa, fue controlar la justicia y los organismos de control. A él responden el Fiscal, los jueces, el Consejo Supremo Electoral. A los periodistas que no ha comprado los ha encarcelado, ha enjuiciado a los opositores y los ha encarcelado (la propia Cristiana Chamorro fue condenada a prisión domiciliar y el diario La Prensa fue tomado por el Estado. Sus instalaciones son ahora un museo que rinde honor a la dictadura).

La rebelión de los estudiantes, aplastada a sangre y fuego por Daniel, y en la que unos 400 estudiantes fueron capturados y condenados por levantase contra su dictadura que ya dura cerca de veinte años es narrada magistralmente en la novela «Tongolele no sabe bailar», del escritor Sergio Ramírez Mercado, actualmente exiliado en España.

Daniel ha candidatizado a la vicepresidencia de la República a su mujer, Rosario Murillo. El sucesor será su hijo, Danielito. Los dictadores, especialmente en América Latina, solo confían en su propia familia. En su última ocurrencia, sacó de la cárcel a un grupo grande de opositores, políticos (entre ellos Cristiana Chamorro), periodistas, curas, los embarcó en un avión, los despojó de la nacionalidad y los exilió en los Estados Unidos.

Son los excesos que perpetran las dictaduras cuando la sociedad no se defiende a sí misma y les permite entronizarse.

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