Samara Weaving regresa al suspenso con ‘Ready or Not 2’

Fotografía cedida por 20th Century Studios que muestra una escena de la película 'Ready or Not 2: Here I come' ('Noche de bodas 2') en la que aparecen Samara Weaving y Kathryn Newton.

Un minuto después de sobrevivir a su propia muerte en la primera entrega, Grace (Samara Weaving) descubre que el juego nupcial aún no ha terminado en la película ‘Ready or Not 2: Here I come’ (‘Noche de bodas 2’), otra pesadilla en la que deberá luchar codo a codo con su hermana Faith (Kathryn Newton) para escapar de una nueva cacería familiar.

«Cuando los directores insistieron en la idea de incluir a una hermana, me sentí aliviada porque creo que si Grace estuviera sola otra vez, se rendiría», indica Weaving en una entrevista con EFE.

Tras enfrentarse a un juego de escondite letal contra los ricos y excéntricos familiares de su esposo, que intentaban matarla, Grace, todavía asimilando lo vivido, regresa este miércoles a la gran pantalla convertida en una superviviente letal.

Sin embargo, en esta nueva partida el destino le aguarda una inesperada aparición: Faith, su hermana menor, de la que se ha distanciado pero que debe proteger para burlar, de nuevo, el rito ancestral satánico que exige sus cabezas antes de que el primer rayo de sol sentencie su destino.

Grace «está en modo supervivencia, pero la diferencia es que (en esta nueva película) aprende sobre su hermana y su historia, y que tal vez en la primera, ella no es tan perfecta como se estaba imaginando, lo cual me gusta ver», explica la protagonista.

Caras frescas

El ecosistema de esta nueva pesadilla introduce caras frescas que inyectan nueva una dosis de sadismo y misterio al tablero: una red de familias de alta alcurnia compiten por encontrar a Grace y Faith.

A la cabeza de esta nueva ofensiva se encuentran los Danford, una estirpe liderada por los hermanos Titus (Shawn Hatosy) y Urusula (Sarah Michelle Gellar), y una de las familias fundadoras que firmaron el acuerdo con el Sr. Le Bail.

Para asegurar que la cacería no pierda su esencia, surge la figura del representante del Sr. Le Bail, encarnado por Elijah Wood, un guardián de la tradición encargado de que se cumplan las reglas, leyes y estatutos escritos en este juego de sombras.

«Él entiende lo que dicen los escritos, las leyes y los estatutos, así que no creo que él decida lo que sucede», explica Wood a EFE.

De acuerdo con el actor, lo que se estableció en la primera película fue «una dinámica familiar con un pacto con el diablo que nunca habíamos visto antes» en pantalla; por ello, en esta esperada continuación, la apuesta se eleva hacia un escenario mucho más ambicioso.

La supervivencia ya no es un juego de escondite, sino una transformación profunda: «Tiene que ser más, tiene que haber más en juego y el mundo tiene que ser más grande. Por lo tanto, el desafío que enfrenta tiene que ser diferente, así que creo que se ve una evolución en el personaje de Samara», agrega Wood.

La mezcla entre el terror y el humor

Parte de la esencia que define esta secuela reside en la convivencia entre la sangre y la carcajada. «Esta chica (Grace) corriendo por ahí con un vestido, sin morirse, es una locura. Y luego esta (segunda película) es igual, pero ahora hay dos. Vamos, es una fantasía tonta y divertida», admite a EFE Kathryn Newton.

Esa gracia viene promovida por esa falta de respiro que se le otorga a la protagonista.

«Ambientarla justo después de la primera película era plantearse: tomas un personaje al que has llevado al límite y luego no le das la oportunidad de recuperarse, descansar o procesar los acontecimientos de la primera película», indica a EFE el codirector del filme, Tyler Gillett.

Es por ello que el mayor reto para el elenco fue el hecho de tener que mantener la compostura ante las situaciones de mayor tensión.

«A veces teníamos que recordarnos a nosotros mismos lo que estaba en juego, porque como actores nos divertíamos tanto que teníamos que recordar que nuestros personajes, en ese momento, tal vez no se lo estaban pasando tan bien», afirma a EFE Gellar.

La violencia y el humor «siempre están en diálogo. No es que la violencia deba ser graciosa, sino que se complementan y se refuerzan mutuamente. Y creo que para nosotros siempre se trata de encontrar ese equilibrio», sentencia a EFE el codirector Matt Bettinelli-Olpin. EFE (I)

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