El estiaje —la temporada de sequía en la vertiente oriental— ha comenzado a mellar el sistema hidroeléctrico, sobre el cual descansa más del 70% de la oferta nacional. La fragilidad del modelo se evidencia en dos pilares hidroeléctricos: Mazar y Coca Codo Sinclair.
Mazar es el corazón del complejo Paute Integral (junto a Molino y Sopladora), aportando de manera sostenida cerca de 1.750 MW de potencia. La cota de su embalse ha registrado un descenso acelerado desde agosto por la disminución de caudales en el río Paute. Aunque el nivel aún se encuentra distante de la cota mínima operativa de 2.115 m s.n.m. —punto de desconexión técnica de turbinas—, la presión de gasto diario consume aceleradamente sus reservas para sostener la demanda nacional. A esto se suma el declive del río Coca, que alimenta a la central a filo de agua Coca Codo Sinclair (1.500 MW). Tras aportar volúmenes superiores a los 1.000 MW, la caída de caudales por debajo de los 190 m³/s óptimos ha mermado su producción a promedios de 800 MW, desplazando toda la exigencia operativa hacia el embalse de Mazar.
Las acciones gubernamentales para amortiguar el déficit
Ante el déficit estructural, la administración del presidente Daniel Noboa ha acelerado medidas de contingencia de corto y mediano plazo para añadir potencia firme y evitar el colapso de la red:
- Incorporación de generación térmica e infraestructura flotante: Se gestionó la llegada y operación de la barcaza térmica contratada a la firma Karpowership (110 MW) en Guayaquil, sumada a licitaciones y contratos para la compra e instalación de motores terrestres y turbinas modulares de contingencia que buscan sumar más de 800 MW.
- Repotenciación del parque estatal: Mantenimiento y puesta a punto de centrales clave de la Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC) como Termogas Machala y la Central Esmeraldas.
- Incentivos a la inversión privada y marco legal: Promulgación de reformas normativas que agilizan licencias para proyectos renovables de hasta 100 MW y habilitan la creación de distritos energéticos autónomos.
Restricciones severas al sector industrial
Dado que los parches térmicos no alcanzan para cubrir el ritmo de crecimiento de la demanda (que se ubica entre 4.400 y 5.200 MW en horas pico), el Gobierno activó un plan de ahorro forzoso centrado en las grandes industrias.
Se ha impuesto la desconexión extraordinaria del Sistema Nacional Interconectado a las empresas de mayor consumo (categorías AV1 y AV2), exigiéndoles operar mediante autogeneración con sus propios grupos electrógenos o suspender temporalmente sus líneas de producción por periodos de hasta 72 horas continuas. De forma complementaria, el Ejecutivo fijó un incremento de tarifas a estos sectores, con el objetivo de amortiguar el sobrecosto de operar el parque térmico y forzar un racionamiento industrial que recorta hasta 5 GWh/día de demanda pública.
Pronóstico y riesgo de apagones residenciales
El sacrificio del sector industrial sirve de dique temporal, pero resulta insuficientemente aislante si las lluvias no retornan a las cuencas del Austro. El racionamiento a las fábricas neutraliza apenas la caída diaria de Coca Codo Sinclair, impidiendo la recarga del embalse de Mazar.
¿En qué mes podrían producirse apagones residenciales?
Si el estiaje se consolida con el patrón severo de los últimos años y el consumo térmico no suple la brecha, el riesgo de apagones programados en los sectores comercial y residencial es inminente entre fines de octubre y noviembre. Si la cota de Mazar sigue descendiendo al ritmo de casi medio metro diario por la ausencia de precipitaciones en la vertiente oriental, la reserva hidráulica atravesará el umbral de seguridad de los 2.120–2.115 m s.n.m. para noviembre. En dicho escenario, el Operador Nacional de Electricidad (CENACE) se verá obligado a disponer cortes rotativos en la población urbana para proteger el sistema interconectado y evitar un apagón generalizado.
