Durante años lo llamaron el gran «olvidado» del Nobel. Este miércoles 7 de octubre de 2026, la Real Academia Sueca de Ciencias saldó esa deuda: Henri Kagan, químico francés de 95 años, comparte el Premio Nobel de Química 2026 con el japonés Kenso Soai, «por el descubrimiento de efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica».
Los dos se repartirán por igual 12 millones de coronas suecas, unos 1,2 millones de dólares.
Henri Boris Kagan nació el 15 de diciembre de 1930 en Boulogne-Billancourt, en las afueras de París. Fue hijo del ingeniero Alexandre Kagan y de Adeline Celniker, según chemie.de. Estudió en la Sorbona y obtuvo su doctorado en el Collège de France en 1960. Desde esa etapa se interesó por la quiralidad, el tema que marcaría toda su carrera.
La quiralidad es la propiedad de algunas moléculas de existir en dos versiones, una «derecha» y otra «izquierda»: tienen los mismos átomos, pero orientados de forma distinta en el espacio, como las dos manos. La diferencia es enorme en farmacología, porque una versión puede curar y la otra puede ser tóxica.
En 1971, Kagan publicó un trabajo sobre catálisis asimétrica y desarrolló el DIOP, un ligando quiral que, combinado con rodio, permitía obtener casi solo la versión deseada de una molécula. Ese hallazgo influyó en generaciones de químicos y en la fabricación de medicamentos. En 1986 mostró el llamado «efecto no lineal»: un pequeño desequilibrio en el catalizador puede producir un exceso mucho mayor de una de las dos formas del producto. Este es el descubrimiento que ahora premia Estocolmo. Sus técnicas se usan hoy en la industria farmacéutica, en la agroquímica y en la perfumería.
«Estuve a punto de abandonar»
El éxito no llegó rápido. «En un momento estuve muy cerca de abandonar, porque seguíamos con niveles bajos de selectividad, sin mejoras. Decidimos continuar cambiando de estrategia y, por fin, ¡hubo un avance!», recordó en un documental de 2005, citado por La Voix du Nord.
Kagan fue profesor en el campus de Orsay desde 1967 y ayudó a fundar el Institut de chimie moléculaire et des matériaux d’Orsay. Eligió la universidad porque quería estar cerca de los estudiantes: «Muy a menudo hacen preguntas que te obligan a pensar mucho». A los jóvenes que entraban a su grupo les repetía una frase: «Lo inesperado a veces es más interesante que lo planificado».
Sus colegas lo describen como alguien «lleno de ideas» y muy humilde. El químico Stéphane Bellemin-Laponnaz recuerda que hasta hace pocos años Kagan seguía en el laboratorio «pensando y conceptualizando». También recuerda un detalle de su despacho: dos caparazones de caracol, «uno que gira a la derecha y otro a la izquierda», como un pequeño homenaje a la quiralidad.
Una vitrina que esperaba el Nobel
Kagan es miembro de la Academia de Ciencias de Francia desde 1991 y caballero de la Legión de Honor. Antes del Nobel ya había recibido el Premio Wolf de Química en 2001 y el Bower Award del Franklin Institute en 2005. Hoy es profesor emérito de la Université Paris-Saclay.academie-sciences+2
A los 95 años, el hombre que dedicó su vida a entender por qué la naturaleza prefiere una mano sobre la otra recibe por fin el máximo reconocimiento de la ciencia.

