El diestro aragonés Aarón Palacio confirmó su alternativa con una destacada actuación en la tradicional Corrida de la Hispanidad de Madrid, empañada únicamente por el mal uso de los aceros. El festejo, celebrado este lunes 12 de octubre de 2026 en la Plaza de Toros de Las Ventas, colgó el cartel de «No hay billetes» y sirvió como broche de oro para el cierre de la temporada madrileña.
Un bautismo de gala bajo el cielo de Madrid
El ritual del doctorado taurino tuvo lugar en el primer toro de la tarde, de nombre Veraniego, un astado de armónicas hechuras de la ganadería de Garcigrande. Siguiendo los cánones de la liturgia, el genio de La Puebla del Río, Morante de la Puebla, actuó como padrino de la ceremonia, mientras que el espada mexicano Héctor Gutiérrez ejerció como testigo. [1]
Tras el emotivo brindis al público, Palacio recibió al toro entre las dos rayas con una improvisada capeína para dar inicio a una labor que fue de menos a más. El toricantano, vestido de blanco y oro, se mostró atalonado, firme y profundo, hilvanando una faena ligada con muletazos de mucho recurso y bellos pases de pecho. No obstante, la notable obra no encontró la rúbrica de la espada; tres pinchazos privaron al joven espada de pasear un merecido trofeo, quedando el premio en una calurosa ovación tras aviso. En el sexto de la tarde, perteneciente a Núñez del Cuvillo, saludó de rodillas en un arranque vibrante, pero el deslucido juego del astado diluyó las opciones de triunfo, cerrando su balance con el silencio del respetable. [1, 2, 3, 4]
Morante y Gutiérrez, sin fortuna con los lotes
El padrino del festejo, Morante de la Puebla, firmó una labor encajada y templada con el tercero de la tarde, un ejemplar de Cuvillo al que ligó una faena que cerró por bernadinas. Al igual que su pupilo, Morante emborronó su trasteo con la espada y perdió la oportunidad de tocar pelo, saludando una ovación con protestas tras escuchar un aviso. Con el deslucido cuarto, su labor fue silenciada. Por su parte, el mexicano Héctor Gutiérrez pechó con el lote de menos opciones, mostrando voluntad en su primero (ovación) y marchándose en silencio tras lidiar al desclasado y protestado quinto. [1]
Homenaje a Ceuta en Las Ventas
Más allá de lo estrictamente taurino, la Corrida de la Hispanidad 2026 tuvo una fuerte carga simbólica al tener a la ciudad autónoma de Ceuta como eje central de la jornada. Las rayas de picar del ruedo venteño lucieron pintadas con los colores blanco y negro de la bandera ceutí, cuyas enseñas también adornaron los tendidos y andanadas de la monumental. Previo al paseíllo, la banda de música interpretó el himno de Ceuta antes de dar paso a los acordes del himno nacional de España. [1, 2]
Con este festejo condicionado por las escasas fuerzas y el juego desigual de las reses de Garcigrande y Núñez del Cuvillo, Madrid despidió su año taurino, consagrando a Aarón Palacio como un nombre a seguir de cerca tras ratificar su concepto clásico ante la afición más exigente del mundo. (I)
