Cuando un banquero central dice que las tasas de interés «seguirán bajas por un período prolongado», detrás de esa frase hay una teoría. Buena parte de ella la escribió Michael Woodford, profesor de Economía Política en la Universidad de Columbia, en Nueva York.
Este lunes, ese académico de perfil discreto, al que muchos consideran uno de los padres de la teoría monetaria moderna, ganó el Premio Nobel de Economía de 2026.
La Real Academia Sueca de Ciencias lo premió junto con Robert E. Hall, de Stanford, por construir modelos económicos desde abajo: a partir de cómo deciden millones de hogares y empresas, y no solo de las relaciones estadísticas entre la inflación, la producción y el consumo.
Woodford nació en Massachusetts y llegó a la economía por un camino poco común. Entró a la Universidad de Chicago para estudiar física, terminó graduándose en ciencia cognitiva y luego estudió Derecho en Yale antes de decidirse por la economía, atraído por su rigor teórico y su aplicación concreta. Se doctoró en el MIT en 1983, enseñó en Chicago y Princeton, y desde 2004 ocupa la cátedra John Bates Clark en Columbia.
Su gran obra es un libro grueso y exigente: «Interest and Prices» (Interés y precios), de 2003, que ofreció el marco neokeynesiano que hoy usan prácticamente todos los bancos centrales. Mientras Hall estudió cómo gastan los hogares, Woodford se concentró en cómo fijan sus precios las empresas.
Su idea más influyente es que lo que más pesa en la economía no es tanto la tasa de interés de hoy, sino lo que la gente cree que pasará con las tasas en el futuro. Por eso una comunicación clara y creíble es clave para controlar la inflación. Tras la crisis de 2008, esa intuición sostuvo la «orientación futura» (forward guidance) y la compra de activos que usaron los bancos centrales. Según la Academia, su modelo también ayudó a enfrentar los choques de oferta recientes mejor que durante las crisis petroleras de los años setenta.
Como Hall, Woodford tiene a la economía sentada a la mesa familiar. Está casado con la economista italiana Argia Sbordone, que durante años trabajó en la Reserva Federal de Nueva York. New York Magazine contó cómo, cuando Columbia intentaba atraerlo, la carrera académica de ella, que entonces aspiraba a una plaza permanente en la Universidad Rutgers, también pesó en la decisión. Es una pareja que, como pocas, puede discutir en casa la política monetaria desde la teoría y desde dentro de un banco central.
«Con ellos estamos mejor preparados para enfrentar los choques en la economía, como las crisis energéticas o los cambios repentinos en cuánto consumen los hogares», resumió John Hassler, presidente del comité. Woodford compartirá con Hall los cerca de 1,2 millones de dólares del premio y lo recibirá el 10 de diciembre en Estocolmo. Allí, el hombre que enseñó a los banqueros centrales que hablar también es una forma de gobernar la economía dará el discurso más escuchado de su carrera.

