Diego Montalvo
Quito, Ecuador
«En una época de lealtades partidistas extremas y a la vez cínicamente fluctuantes, [Orwell] se las arregló para ser un enemigo coherente e inflexible tanto de Hitler como de Stalin, al tiempo que escribía crónicas que intentaban ser «objetivas» con respecto a ambos.»
Christopher Hitchens, Por qué es importante Orwell
I
Tras buscar casi de manera desesperada, como si mi vida dependiera de ello, logré dar con el libro Ensayos de George Orwell. Anexaré este escrito a uno anterior sobre que el periodista debe ser una élite intelectual y no ser presa únicamente de la coyuntura. Creo que no hay mejor libro que este para explicar mejor esta postura. En un texto titulado “Notas sobre el nacionalismo”, el autor británico destaca varias formas de esta corriente entre lo que es lógico, el buen nacionalismo y el mal nacionalismo.
Dentro del buen nacionalismo destaca el neotorismo que en esencia es el deseo de no reconocer el declive del poder y la influencia británicos a nivel mundial. Es un sentido crítico a la realidad político-militar de Gran Bretaña (alejarla un poco de la tradición imperial del reino) lo que sale y choca un poco con las tradiciones más conservadoras. En otras palabras, Orwell explica que, a diferencia del conservadurismo tradicional británico (los Tories), este movimiento está obsesionado con mantener la ilusión de la supremacía del Reino Unido. Incluso aquellos simpatizantes que son conscientes de que el poder militar británico ya no es el de antes, insisten tercamente en que las «ideas inglesas» deben dominar el mundo.
El movimiento MAGA (Make America Great Again) en Estados Unidos. Responde exactamente a la misma ansiedad que Orwell describió: el miedo a perder la supremacía global (frente a potencias como China) y el deseo terco de forzar un estatus que el mundo actual ya no sostiene de la misma manera. Además se explica la salida de Inglaterra del Brexit. L a campaña para salir de la Unión Europea se vendió bajo la ilusión neotorrie de recuperar la soberanía y el peso comercial del antiguo imperio global («Global Britain»), chocando luego con la realidad económica moderna.
Orwell explica en “Notas sobre el nacionalismo” que los intelectuales neotoristas solían ser marcadamente antirrusos y, en ocasiones, fuertemente antiestadounidenses. Lo que más le llamaba la atención al autor británico en esa época (mediados de los años 40) era que este pensamiento avanzaba rápidamente entre intelectuales jóvenes o excomunistas desilusionados que buscaban una nueva causa fanática a la cual aferrarse. (Orwell, Ensayos, Debate, 2024, p. 603).
También destaca el nacionalismo celta, es decir el nacionalismo galés, irlandés y escocés que se basan en una esencia “antiinglesa”. Orwell defiende que estas posturas pese a ser prorrusas, o pronazis por igual, son defendibles ya que no caen en lo que él cuestiona que es la “anglofobia”. Pues estos nacionalistas creen en la fortaleza racial, étnica y cultural de la idea pura del celta y defienden con pasión su identidad. El británico destaca que Irlanda, Gales y Escocia logran mantener su identidad y cultura con independencia y no requieren una real integración o aprobación de Inglaterra para ser oídos o su literatura, música y arte aflore. Es decir, no convergen con Londres por su autonomía racial y cultural pero tampoco rechazan que el inglés no sea su idioma en común y exhiben con orgullo sus estatuas y monumentos (p. 604).
Finalmente, Orwell defiende una postura muy importante (actualmente criticada) que es el sionismo. De hecho, el sionismo es la parte crucial del pensamiento de lo orwelliano. Así, él señala directamente: “Todos los ingleses de buena voluntad son projudíos, en el sentido que desaprueban la persecución nazi, pero cualquier lealtad nacionalista auténtica en ese terreno, o cualquier creencia en la superioridad innata de los judíos, es difícil de encontrar entre gentiles”, expresa. (Ibídem).
Es decir, que su pensamiento liberal lo muestra como una defensa del pueblo judío desde sus virtudes de lo que implican y reconocen la persecución del nacionalsocialismo en un sentido sin que lo judío exprese un autoritarismo usado por fuera de las corrientes judías para establecer un modelo autoritario, dentro de la “causa judía”. En eso, añade, las posturas en Estados Unidos son más radicales, pues allí la intelectualidad projudía cuestiona la causa Palestina mientras que en Inglaterra es una cosa que casi pasa desapercibida, es decir es menos violenta.
Entonces, como es lógico, Orwell cuestiona como un mal nacionalismo la anglofobia, el trotskismo y el antisemitismo. Sobre el primer punto habla de un punto sobre la felicidad de grupos sociales de creer buena la expulsión de los británicos de Grecia o por la caída de Singapur y cuestiona que los medios callaron gran parte durante la Segunda Guerra Mundial el gran número de aviones derribados por los ingleses por lo que critica que si bien los intelectuales de izquierda no querían una victoria alemana o japonesa en la guerra sentían un placer enorme al ver a Gran Bretaña arrodillada pidiendo ayuda y humillarse ante Franklin D. Roosevelt y suplicando a Winston Churchill por infantería y artillería. Incluso pese a sus ideas marxistas deseaban, desde un lado lógico, un control total de Rusia a la isla o incluso, no tan a gusto, con la victoria de Estados Unidos, pero preferían ver ondear la bandera americana antes que la británica. En cuanto a política exterior, decían que cualquiera que estaba aliado a Gran Bretaña estaba del lado incorrecto. Es una especia de pacifismo en un momento belicista que busca socavar el orgullo británico y volverlos de menos (p. 607).
El construir no es bien visto sino la destrucción. Las protestas en Francia, que si buen puede debatirse tienen un punto “legítimo”, más allá del saqueo y la destrucción y la influencia musulmana (allí se parte del nacionalismo malo de la anglofobia o la francofobia, en este caso), hace que un grupo social no piense más que en destruir a lo loco, sin un norte, humillar al país pero no proponer nada para mejorar.
Sobre el trotskismo, Orwell destaca que el trotskismo desde una idea anarquista, social demócrata e incluso liberal, tiene un sentido más racional. Sin embargo, destaca que este movimiento, en estado muy doctrinario, logra crear sus propios Führer y los compara con el propio comunismo que si bien cree en Stalin no les interesa en definitiva que las cosas cambien sino que también carecen de formar una idea genuinamente racional para combatir el comunismo. Señala que el trotskista viene desde las izquierdas al ser, quizá, un comunista arrepentido, pero que no puede nadie de derechas ser un trotskista sino un izquierdista y se vuelve un movimiento de argolla. Es decir, busca separarse del comunismo tradicional pero en esencia cae en su mismo vicio (Ibídem).
II
Orwell, entonces, aboga por la intelectualidad. Es decir, la base del conocimiento y la construcción de las ideas como parte central de la esencia humana puramente libre. Si se analiza el contexto de la realidad orwelliana con la actual, es innegable que hay un retroceso y llegamos a 1938 y un poco hasta 1947. Pero, aquí hay un punto mucho más grave, pues no sólo él sino otros intelectuales cuestionaban su realidad creando literatura o cualquier otra rama del arte. El mundo actual no sólo está en una decadencia económica sino moral e intelectual.
América Latina parece querer vivir ya no en disturbio y el relajo y entender que sin el liberalismo no puede haber desarrollo. Somos, guste o no a la izquierda, parte de occidente y parecería que al menos civilizarnos y en Ecuador al menos, entender que incendiar Quito o reventar a los comerciantes y quemarles sus fuentes de ingresos como en 2019, 2022 y 2025 no sirve de nada y más bien genera un rechazo social potente de sectores más racionales y ecuánimes que ven, al menos en el voto castigar a los hostigadores.
El periodismo tiene una labor ahora muy importante, allí yace el tema del intelectual, no bien de guiar a las masas pero sí evidenciar caminos más racionales fuera del morbo de la flama en una plaza o monumentos pintados sino de vestirse del buen nacionalismo que dice Orwell que buena falta hace en estos tiempos de haraganería y querer una vida fácil a costa del Estado como buenos trotskistas o estalinistas.
Bibliografía: Orwell, George. (2024). Ensayos. Debate: Barcelona.
