La ecuatoriana Azuero se abre paso con su BMX

Doménica Azuero (centro)

La ecuatoriana Doménica Azuero tenía siete años cuando pedaleó por primera vez en una pista de BMX y desde entonces, entre caídas y lesiones, pero con paso firme se ha ganado un espacio en un deporte que fue considerado «solo para hombres».

Su pasión por el ciclismo de alto riesgo fue algo parecido a un amor a primera vista y se produjo cuando iba a la escuela y observó a un grupo de chicos que entrenaban ataviados con casos y el equipo de protección en una pista de bicicrós próxima a su casa.

«Mis papás tuvieron que meterme a la academia y desde ahí no he parado de hacer BMX», dijo a Efe Azuero, que había estudiado ballet y modelaje por influencia de sus madre hasta que descubrió la bicicleta de cross.

La deportista nacida hace 22 años en la sureña ciudad de Cuenca es privilegiada, pues siempre ha contado con el apoyo incondicional de su familia.

Recordó su primera caída en el punto de partida nada más comenzar a pedalear cuando era una niña. Lloró pero entendió que esa sería la primera de muchas decepciones y que debía aprender a llevarlas «de la mejor manera».

Desde entonces y a lo largo de sus quince años de carrera deportiva ha sufrido tantas que ni se acuerda de todas, aunque sí sus dos fracturas en clavícula, las numerosas lesiones de rodilla, codos, hombros, muñecas, mandíbula, tobillo y costillas.

Cuando se inició en la disciplina «solo había tres mujeres» en todo el país y «mucho machismo», señaló.

Pero no se amilanó y siguió pedaleando gracias a su primer entrenador, Daniel Roura, que, según aseguró, siempre la trató «como uno más».

«Nunca me tuvo pena por ser mujer», apostilló.

En 2004, con solo ocho años, se consagró campeona latinoamericana en una carrera en Ecuador. El mismo año en que obtuvo un oro panamericano en Chile.

A partir de entonces no dejó de encadenar éxitos en las pistas de BMX. Sumó once oros panamericanos, siete latinoamericanos consecutivos y tres sudamericanos.

También recordó su debut en el Mundial en Holanda con apenas ocho años, cuando quedó en sexta posición. Un año después perdió el oro en el de Francia tras sufrir una caía a diez metros de la meta.

Sin embargo, no se dio por vencida y se convirtió en campeona mundial de la disciplina en Brasil 2006 y Holanda 2014.

Su reciente victoria en la Copa Latinoamericana, en la que compitió contra Colombia en la categoría elite, le dio el paso directo a los Juegos Panamericanos de Lima.

Azuero ha participado en innumerables competencias en más de una veintena de países, abriéndose camino en un ámbito dominado hasta no hace mucho por los hombres y donde ha tenido que escuchar comentarios machistas y discriminatorios en no pocas ocasiones.

«Al principio fue muy duro. Los chicos en mi colegio me golpeaban y me decían: vaya a cocinar o a jugar con las barbies», una actitud que solo considera reflejo de prejuicios que los niños escuchan en sus hogares por influencia de los padres.

Ha demostrado que el bicicross no es cuestión de género, sino de «habilidad y decisión» y que pese al panorama poco alentador, es imprescindible «trabajar más duro para conseguir las cosas» y demostrar que hombres como mujeres tienen «las mismas capacidades».

La ecuatoriana se prepara para los Panamericanos pero tiene en agenda catorce carreras más durante 2019.

De su desempeño saldrán los puntos necesarios para obtener un cupo en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. EFE

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