Ecuador, lunes 18 de junio de 2018

Muere Philip Roth, uno de los grandes escritores del siglo XX

Philip Roth.

El aclamado escritor estadounidense Philip Rothuno de los autores más importantes de la literatura de la segunda mitad del siglo XX, murió hoy a los 85 años en un hospital de Nueva York a causa de una insuficiencia cardíaca, según  la revista The New Yorker, con la que colaboró durante la mayor parte de su carrera.


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A Roth (Newark, 1933), eterno candidato al premio Nobel, que nunca llegó a conquistar, su mayor éxito le llegó con “Portnoy’s Complaint” (El lamento de Portnoy, 1969), en la que el protagonista, Alexander Portnoy, cuenta sus aventuras sexuales a su psiquiatra y vive atormentado por los remordimientos y por su obsesión por el sexo.

También fue autor de la ya legendaria Trilogía americana que le abrió definitivamente las puertas del Olimpo literario –Pastoral americana (1997), Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000)–.

De origen judío polaco-ucraniano, la extensa y galardonada obra de Roth abordó, además del sexo, el deseo, la vejez y la muerte, o el judaísmo y sus obligaciones. Tomó la decisión de dejar la escritura en 2012, año en que fue galardonado con el Príncipe de Asturias de las Letras.

Cuando ganó dicho premio, el jurado destacó en su fallo que la obra de Roth forma parte de la mejor tradición novelística en Estados Unidos, que sigue la senda abierta por autores como John Dos Passos, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway, entre otros. “Posee una calidad literaria que se muestra en una escritura fluida e incisiva. Personajes, hechos, tramas conforman una compleja visión de la realidad contemporánea que se debate entre la razón y los sentimientos, como el signo de los tiempos y el desasosiego del presente”.

El pasado enero, después de años alejado de los focos, Roth concedió una entrevista a The New York Times en la que afirmaba que la lectura había reemplazado su pasión por la escritura y explicaba que había dado por terminada su carrera al tomar conciencia de que había dado de sí todo lo que llevaba dentro: “Había sacado lo mejor de mi trabajo, y lo siguiente sería inferior”. “Ya no poseía la vitalidad mental, ni la energía verbal o la forma física necesarias para construir y mantener un largo ataque creativo de cualquier duración sobre una estructura tan compleja y exigente como una novela”. Y añadía sobre la vejez:  “Me parece asombroso seguir aquí al final de cada día. Al acostarme sonrío y pienso: ‘He vivido un día más’”.

  • Con textos de EFE