Ecuador, sábado 23 de junio de 2018

Globalización ¿universalización de la identidad perdida?

Víctor Cabezas
Quito, Ecuador

Durante mi último año de colegio, confluyeron una serie de discursos sociales conducentes hacia la ponderación y glorificación de la “globalización”

Víctor Cabezas

Víctor Cabezas
Quito, Ecuador


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Durante mi último año de colegio, confluyeron una serie de discursos sociales conducentes hacia la ponderación y glorificación de la “globalización”; en clase nos decían como ser ciudadanos globales, de mentalidad abierta y comprometidos con los nuevos retos de la humanidad.

Es claro que la globalización puede ser entendida como un proceso para la comprensión de la interdependencia global de los problemas sociales o como un sumario de interacción e integración entre la gente, los Estados y las empresas. Sin embargo, el proceso de globalización –tal como lo estamos percibiendo hoy en día- es muy asimilable a un proceso consolidado por parte de las hegemonías mundiales conducente hacia la liberalización de mercados, la ponderación de discursos sociales y políticos inamovibles y la estructuración de nuevos consumidores ávidos de insertarse dentro del arquetipo de “ciudadano del mundo”.

Hay mucha evidencia que nos permite asimilar a la globalización a un proceso de universalización de la opinión pública. Un modelo donde, citando al profesor Noam Chomsky, existe un catálogo de ideas políticamente correctas; la democracia, la libertad de expresión, la legitimidad de los medios libres e independientes, el libre mercado, etc. Este catálogo de ideas intocables sustancia y legitima la acción monopólica de las grandes corporaciones que controlan y concentran la operancia material de dichas entelequias o ideales “correctos”. Hablemos de libertad de expresión, en Estados Unidos –ejemplo y promotor de la globalización- la opinión pública es enmarcada y dibujada por 6 empresas –Newsgroup, NBC, Time Warner, Viacom y CBS- que controlan el 90% de las televisoras, periódicos, radios, casas productoras y portales web.

Uno de los problemas más agudos dentro del proceso de construcción de identidad y preservación de nuestra cultura –en el supuesto de que existiera- es precisamente la oleada de moda, música, vocabulario, conductas y modelos de pensamiento direccionados hacia el posicionamiento y consolidación de una cultura hegemónica; ciudadanos con objetivos éticos y morales comunes, ideales concomitantes, consumidores de marcas comunes, con anhelos consonantes, con modelos morales asimilables; la terrible e inconcebible pretensión de encontrar ciudadanos universalizados; una forma de vida, un influjo cultural-aspiracional susceptible de ser hallado en Nueva York, en Praga o en Cusubamba.

No es casualidad que dentro de las comunidades y pueblos más recónditos de nuestro país exista un creciente mercado de ropa “Abercrombie” “Adidas” o “Hollister” –sin que exista ninguna razón medianamente coherente para pensar que aquello es incorrecto o peor aún indebido-. Habría que preguntarnos que fenómenos sociológicos y culturales han confluido para que una gran facción de nuestra juventud –me incluyo- haya establecido como objetivo de vida aquellos paradigmas de hombre exitoso, con el deber de ser feliz, demócrata, interconectado a través de miles de aparatos y cables, con títulos, vistiendo a la moda, en forma, con un particular acento a inglés en el hablado y con un gran arsenal de tarjetas de crédito.

Es larga la discusión doctrinaria a cerca de la verdadera naturaleza de la globalización; el celebre profesor de MIT Noam Chomsky, ha desarrollado un largo cúmulo de textos que, entre otras cosas, advierten del carácter colonialista de la globalización. Las culturas y los países ya no se conquistan con la guerra o con la violencia directa; son los influjos culturales de las hegemonías mundiales -debidamente incorporados dentro de una sociedad- los que determinan el nuevo orden de ejercicio de poder en el mundo.

Es imposible negar la globalización y pensar que, en gran medida, no somos un producto más de aquella. La moda, la tecnología, los discursos sociales y políticos hegemónicos, las muletillas al hablar y las verdades absolutas hoy demarcan y dibujan el escenario en el que deberemos encontrar y construir el nuevo sentido de identidad –que discutiblemente hallamos podido tener algún día- como individuos y sociedad.