Ecuador, miércoles 17 de enero de 2018

El Poder Suave de China toma fuerza en América Latina

Renato Rivera Rhon
Quito, Ecuador

La reciente crisis internacional y el nuevo tablero geopolítico se presentan como una oportunidad importante para China de insertarse estratégicamente en el sistema internacional.

Renato Rivera

Renato Rivera Rhon
Quito, Ecuador


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La reciente crisis internacional y el nuevo tablero geopolítico se presentan como una oportunidad importante para China de insertarse estratégicamente en el sistema internacional. A través de su política suave [soft power], el gobierno de Beijing ha logrado establecer vínculos económicos, políticos y comerciales trascendentales con varios países del mundo. En el caso específico de América Latina y el Caribe, China es un actor clave para el financiamiento de proyectos de infraestructura, además dinamiza el incremento comercial y la inyección de capital. No debemos pasar por alto que la cooperación con el gigante asiático permite a los Estados Latinoamericanos establecer una discursiva alternativa al sistema financiero tradicional comandado por las instituciones Brettom Woods.

En los últimos 13 años, los vínculos de comercio e inversión entre China y América Latina y el Caribe han seguido expandiéndose. De acuerdo a la CEPAL, China pasó de ser un socio menor en América Latina y el Caribe, a ser un actor central. El comercio entre ambas partes se multiplicó 22 veces, pasando de 12.000 millones de dólares a casi 275.000 millones.

Esta relación viene de la mano por la necesidad inmediata de los países latinoamericanos por atraer mayor inversión extranjera directa (IED) hacia distintos sectores de industrias extractivitas. Por ejemplo, en el caso de Ecuador, Bolivia y Argentina, el acercamiento con China ha permitido financiar rápidamente ‘proyectos de desarrollo’ a cambio de precios preferenciales de productos primarios como el petróleo.  Por otro lado, la constante demanda de China en los productos básicos latinoamericanos ha mantenido elevados los precios internacionales de los bienes. Frente a este escenario, a principios de 2015, el presidente Xi Jinping comprometió invertir $250 millones en América Latina durante la próxima década, expresando su esperanza en incrementar el comercio bilateral a 500 mil millones durante el mismo periodo.

Ahora, más allá de criticar el modelo neoextractivista y las condiciones inapropiadas de préstamo, el análisis se centra en las condiciones en las cuáles China plantea cooperar en un futuro con América Latina. En los ámbitos de infraestructura, el gobierno de Beijing estableció que las negociaciones y próximas inversiones en infraestructura las realizará en bloque, por lo cual sugirió establecer un foro de cooperación con CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) mediante líneas básicas para próximos créditos; lo que nos lleva a pensar que la estrategia China estará centrada en la construcción de proyectos de infraestructura de carácter regional enfocados al comercio e inversión en agricultura para suplir su demanda interna. Con esto, la integración latinoamericana y el buen momento político de la región estará en juego por dos razones, primero quedará a la luz la capacidad de negociación real de CELAC con socios extraregionales, ya que si no se logran establecer líneas claras, el objetivo de una visión regional quedará en el olvido. Segundo, si no se establece una visión conjunta de créditos de América Latina frente a China, la oportunidad de financiamiento irá a proyectos que no respondan a las tan añoradas ‘iniciativas regionales’, por el simple hecho que al momento de tener dinero a disposición y citando al escritor y estadista francés Alexis de Tocqueville “Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses”