Ecuador, domingo 17 de junio de 2018

El mundo “bizarro”

Ricardo Noboa Bejarano
Guayaquil, Ecuador

Los que crecimos en la década del sesenta leíamos en los “cómics” de Superman como el hombre de acero visitaba, de cuando en cuando, el llamado “mundo bizarro”.

En ese mundo todo era al revés. El helado era caliente, el fuego era helado, la tierra se veía cuadrada, el león maullaba y el gato rugía. Y así. Pero los malos no parecían buenos ni los buenos malos. Eso no. Hasta ese punto no llegaba “el mundo bizarro”.


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Nosotros los hemos superado. Durante diez años hemos hemos sido testigos de la creación de un mundo paralelo en el cual, a los acordes de “Patria tierra sagrada”, se orquestó un latrocinio pocas veces visto en América Latina. Un “somozato” en toda la regla, donde la corrupción, el robo concertado, el diseño legal para propiciar la impunidad, la eliminación de los controles previos, la prohibición de fiscalizar, la eliminación –hoy se piensa que incluso física- de ciertos incómodos personajes, el inicio de procesamientos injustificados, la persecución política y judicial, el uso de todas las funciones del Estado –de las cuales el Presidente se proclamó “Jefe“- configuraron un esquema mafioso que ha sido muy bien descrito por varios políticos y columnistas de prensa. Pero ninguno de estos delitos, absolutamente ninguno, se equipara a los hechos del 30 de septiembre, al cual, ni por abreviatura, hay que llamarlo en adelante 30S.

Tal fecha se convirtió en la marca registrada del correato. Era una fecha icónica, aquella en la cual este moderno Moisés había cruzado su Mar Rojo y había ahogado los intentos de los faraones criollos de ahogarlo en una conspiración cobarde y antidemocrática. Decir que el 30 de septiembre era un invento equivalía casi a una traición a la patria. A ser denostado y enjuiciado, previa flagelación en la respectiva sabatina.

Ahora resulta que lo que se sospechaba ha sido verdad. Que el 30 de septiembre en realidad no pasó casi nada. Mejor dicho sí pasó. Fue el Presidente de entonces, en conjunto con sus corifeos incondicionales, quien aprovechó la oportunidad para victimizarse e inventó una conspiración que no era mas que un motín policial. El “mátenme”, según comenta con visos de verdad Fernando Balda, fue un ensayo teatral y premeditado para montar el sainete y aprovecharlo políticamente. Pero el tema fue bastante mas allá. Se dispuso un operativo que terminó con muertos y heridos. Y como hoy dice el General (r) Luis Castro, un tanto tardíamente, “tuvimos que hacerlo porque así era la democracia en aquel entonces”. Debió desobedecer el General Castro una orden ilegal, pero eso otra cosa. Lo que queda evidenciado es el montaje nacido de una mente tortuosa y vanidosa que no reparó en poner en peligro vidas humanas. Ahora, la Fiscalía deberá iniciar una investigación por el delito de lesa humanidad en su versión de privación ilegal y arbitraria de la libertad de varios policías, sumándose a éste un concurso de delitos, donde confluyen falsos testimonios, falsificación de documentos, homicidio simple, delitos contra la fe pública y quien sabe cuantos más.

El corolario del mundo bizarro lo completan los tres ex correistas: el Fiscal que será enjuiciado por presidir la Comisión que legitimó la mentira cobrando por ello, el ex Contralor que observó impasible todo durante diez años y el ex Ministro del Interior de Correa y hoy Presidente de la Asamblea que deberá explicar en juicio lo que entiende por “bajarse” alguien y que no “le cumplan los acuerdos”.

Los tres vivieron en estado de interdicción y sopor durante la década del correato pues fueron incapaces de advertirnos a los ingenuos ciudadanos respecto del saqueo del que éramos victimas. Se requiere de un profundo liderazgo ético para sacar al país del pantano en que nos sepultó Correa, aunque quiso hacernos creer que su régimen, como dice la canción Patria que cantaba, era “de honor y de hidalguía”. ¡Que opereta!