Sobre gradualismo, proforma 2019 y otras inquietudes nacionales

Abelardo Pachano
Quito, Ecuador

El Ministro de Economía dijo que el Gobierno decidió hacer un ajuste gradual, para evitar efectos negativos en la población. ¿Por qué otros exigen un ajuste más profundo?

En términos conceptuales sólo existen dos caminos para resolver los problemas: hacerlo de una o distribuir el ajuste en dosis sucesivas.

Cada opción tiene sus ventajas y desventajas. Ninguna es perfecta. Hay veces que la opción está marcada por la urgencia o el desborde el problema. También define la alternativa la realidad social y su capacidad de absorción del impacto, así como la sostenibilidad del modelo.

La gran mayoría de especialistas en economía respaldan la alternativa de pasos secuenciales, consistentes, debidamente programados, con metas realizables que sean consideradas atractivas o convincentes para quienes toman decisiones de inversión u ofrecen recursos de financiamiento. Aquí nacen las diferencias.

La pregunta que no da una respuesta categórica se refiere al grado de compromiso político del gobierno y los demás actores nacionales, en impulsar esta línea de acción con resultados tangibles, que demuestren el afán de enmienda. El caso de las universidades públicas es un ejemplo que puede repetirse en otros campos. No aceptan el recorte de gastos, ni siquiera buscan un uso más eficiente de los limitados recursos que existen y que con mucha certeza se lo puede conseguir.

En la Asamblea se aprueban resoluciones con reconocimiento de derechos retroactivos con mayores cargas al gasto público. Se generan rentas adicionales para regiones, que deben salir de los mismos ingresos. Hay dirigentes que aprueban informes y luego se retractan. Cuando alguien habla de focalizar subsidios, la tormenta aparece en el horizonte. En definitiva, hay pocos ciudadanos conscientes de la dimensión del problema y de la necesidad de ajustar los estipendios públicos.

Así es difícil llevar el ajuste por la vía programada. Sin una conciencia social y un convencimiento político de los dirigentes nacionales, es posible que por la fuerza de los hechos el problema se desborde y no quepa otra opción que el ajuste violento. Ahí, el dilema va a ser decidido por la circunstancia y no por la voluntad del Estado o de la sociedad.

¿La Pro forma del 2019 es una señal de confianza para los inversionistas?

Así debería serlo, pero no llega a convencer de forma clara. Hay varios problemas, entre los cuales sobresale el cálculo de los ingresos petroleros, tanto por el precio como por el volumen de producción, agravado por el desplome del mercado en las últimas semanas que ha llevado al WTI de 73 dólares a 54 dólares el barril. Este cambio impacta también en el ingreso de divisas por exportaciones, que si no encuentra una compensación (otras exportaciones o ¿recuperación del precio?) traerá mayor contracción monetaria y crediticia.

Se incluyen nuevos gastos, legítimos por supuesto, como el que corresponde al 40% de las pensiones del IESS, sin encontrar contrapartidas de reducción de otros corrientes que sean el sacrificio requerido para atender esta responsabilidad que fue abandonada por el gobierno anterior. Y, a esto se debe agregar el recorte imperioso para enfrentar el tamaño del déficit fiscal.

De cualquier manera, más allá de las críticas y comentarios que se han expresado, es justo reconocer el esfuerzo hecho por apretar la estructura de gastos. El panorama presupuestario del 2019 empieza mejor que el del 2018 cuando el déficit estimado bordeaba el 8% del PIB y va a terminar alrededor del 4%, aunque se ve difícil llevarlo a una nueva etapa de reducción de casi un medio punto porcentual.

¿Qué validez le da a la propuesta de bajar 2 puntos del IVA para reactivar la economía?

No creo que sea pertinente. En las condiciones actuales una medida de esa naturaleza le reduce ingresos de forma inmediata al presupuesto, al que ya le hacen falta muchos recursos y vive un drama diario de la caja fiscal, sin una compensación previsible en un corto lapso. De otro lado, el IVA en el Ecuador es de los más bajos de la región.

El Bitcóin, que hasta hace pocos meses rondaba los USD 20 000, bajó esta semana de USD 5 000. ¿Cómo se explica esa volatilidad?

El economista Nouriel Roubini, reconocido por su predicción anticipada de la crisis del 2007-8, califica a las cripto monedas, en especial al Bitcoin, como la gran mentira y madre de todas la burbujas.

A la fecha que escribo, jueves 21, el valor rodea los 4.300 dólares, con una caída del 78% en su cotización del valor máximo que alcanzó a fines del año pasado.

Las cripto monedas han destruido valor (muchos perdieron o los abusaron). Llegaron a valer 800 mil millones de dólares y hoy oscilan en los 150 mil millones. Todas caen. Algunas ya no valen nada, con un rango de desplome que va entre el 78% y el 99%.

Estas monedas han sido reconocidas como el paradigma de los libertarios, ideólogos fanáticos de la descentralización total, que creen en la terminación de los registros públicos y de la intervención del Estado, o en este caso de los Bancos Centrales, que para ellos no son confiables.

Estas monedas se las consideraba como un sistema desconcentrado de poder, auto regulado y seguro, aunque los hechos han demostrado o están demostrando lo contrario.

Roubini señala que la concentración de la riqueza del Bitcoin es mayor que la de Corea del Norte. Tiene un coeficiente Gini de 0.88 (uno significa que una sola persona tiene toda la riqueza), mientras Corea ofrece el 0.86 y los EEUU 0.41. Entonces, alguien (con alguien más), gobierna en las sombras, pues se ve una disputa y guerra inter grupal por este mercado de controladores.

* El texto de Abelardo Pachano ha sido publicado en el diario El Comercio, el pasado 24 de noviembre, bajo el título de “Inquietudes nacionales”.

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