La Iglesia volvió a Cardenal

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

En medio de tanta noticia negativa y desalentadora, por lo menos el monje y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, recibió una nueva por parte de esa Iglesia que lo había humillado públicamente en 1983 y que hoy trata de escapar, victoriosa, de una avalancha de episodios vergonzosos, capaces de escandalizar no sólo a los creyentes, sino incluso a los agnósticos.

Con motivo de la carta que le envió el papa Francisco a Ernesto Cardenal a Managua la prensa rescató aquella famosa fotografía tomada el 4 de marzo de 1983 en el aeropuerto de la capital nicaragüense con la llegada del papa Juan Pablo II. Cardenal, una rodilla en tierra le mira sonriente al papa pidiéndole su bendición. Y el sumo pontífice, acusándole con el índice de la mano derecha le responde: “Antes tiene que reconciliarse con la Iglesia”. Cardenal quiso besarle la mano pero Carol Wojtyla se la retiró.

La suspensión “a divinis”, es decir, la prohibición de administrar los sacramentos y celebrar misa, le llegó al año siguiente, en 1984, decretada por el mismo papa. El Vaticano no podía perdonarle a Ernesto Cardenal su apoyo y participación activa en el Movimiento Sandinista en un momento en que era la única esperanza para los nicaragüenses de sacar de en medio no a un dictador, sino a una dinastía de dictadores sanguinarios de apellido Somoza que se había apoderado del país en 1937 y que tres de sus miembros la gobernaron de manera atroz hasta el triunfo de la guerrilla sandinista que provocó la salida del país de su último representante, Anastasio Somoza Debayle el 17 de julio de 1979, muerto luego en Paraguay en un atentado terrorista el 17 de septiembre de 1980.

Ernesto Cardenal, el poeta autor del libro “Salmos” (“Es la hora en que brillan las luces de los burdeles / y las cantinas. La casa de Caifás está llena de gente. / Las luces del palacio de Somoza están prendidas. / Es la hora en que se reúnen los Consejos de Guerra / y los técnicos en torturas bajan a las prisiones…”) pasó de ser ministro de cultura de Daniel Ortega a su más odiado enemigo. Todo el aparato judicial, con jueces nombrados por el nuevo tirano, se puso en funcionamiento para encontrar nuevos delitos de qué acusarle. Cardenal no le perdonaba la deriva autoritaria que iba tomando su gobierno. Ortega no le perdonaba que no le bendijera sus atrocidades. Y a su vez el Vaticano no le perdonaba haber sido ministro del sandinismo.

Al conservador Wojtyla le sucedió el ultraconservador Ratzinger. Las esperanzas de que el castigo fuera revisado parecían cada vez más remotas. Pero las cosas cambiaron con Bergoglio y su embajador (nuncio apostólico) Stanislaw Waldemar fue el portador de la decisión vaticana: el sumo pontífice le levantaba la sanción y al mismo tiempo el nuncio le pidió concelebrar con él la primera misa que oficiase. También estuvo a verlo el obispo de Managua, Silvio José Báez, quien se arrodilló ante Cardenal y le dijo: “Le pido su bendición como sacerdote de la Iglesia católica”. Cardenal, de 94 años de edad, está internado a causa de una grave infección renal.

Con motivo de estos sucesos, Juan Arias, periodista del diario “El País” de España, escribió: “No fue él quien se fue. Lo echaron. Si la Iglesia no se hubiera puesto un día de parte de los opresores más que de los oprimidos, el poeta de la vida y de la fe nunca habría salido de la Iglesia”.

Paypal