Sobre el informe Bachelet

Samuel Uzcátegui
Quito, Ecuador

Como muchos venezolanos, me mostré en contra de la visita de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a Venezuela porque sabía que habría parcialización hacía el oficialismo y la dictadura, dadas las circunstancias en las que se daba la visita. Y tenía razón, la visita de Bachelet fue penosa, pero su informe no lo es, y eso es digno de admirar y agradecer. Lo que Maduro y su cúpula vieron como una oportunidad de ganar reconocimiento internacional, terminó convirtiéndose en una condena por violaciones de los derechos humanos por parte de un organismo poderoso y multilateral.

Sin embargo, existen ciertas irregularidades en el informe de Bachelet, sobre todo en la parte de las conclusiones. Bachelet denuncia más de 7000 ejecuciones extrajudiciales en el país por parte de los escuadrones de la muerte, pero solo le pide a la dictadura que deje de reprimir e invita a la ‘reconciliación con el chavismo’. ¿Qué clase de medidas son esas?

El informe de Bachelet es valioso, pero su valor radica netamente en lo simbólico. Nada de lo que está diciendo es nuevo, por lo menos no para los venezolanos, pero una condena de su administración hacia Nicolás Maduro por violación de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad es muy importante. Aun así, el representante de Maduro sigue sentándose en las reuniones del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Que Bachelet reseñe todos estos casos es importante, pero no se dejen engañar por la dictadura: Maduro y sus secuaces liberaron a más veinte inocentes presos políticos, pero solo en julio detuvieron a treinta nuevos por protestas, le vaciaron los ojos  y le dispararon más de 50 perdigones en la cara a Rufo Chacón y asesinaron al Capitán de Corbeta Rafael Acosta, que por cierto, ninguno de sus familiares ha tenido acceso al cadáver, gracias al régimen chavista que intenta cremarlo para ocultar las heridas de tortura.

Fue un quid pro quo, algo por algo, la puerta giratoria, liberó a unos cuantos presos políticos para lavarse las manos públicamente, pero por debajo de la mesa continúa la represión sistemática del castrochavismo.

Violaciones sexuales, ejecuciones extrajudiciales, tortura física y psicológica, arrestos arbitrarios, ausencia de democracia, impunidad, escuadrones de la muerte, situación sanitaria en crisis extrema y mecanismos de control social que limitan la actividad política de las personas si es que quieren acceder a “beneficios” sanitarios o alimenticios.  Todo esto lo refleja el informe de Bachelet, el problema está en el vacío que muestra el informe en sus conclusiones. Está exonerando a la dictadura de todos estos crímenes, diciendo que supervisarán la situación por dos años. A este paso, en dos años, no quedará ni un venezolano en Venezuela, ¿qué país pretende supervisar Bachelet si no va a quedar nada? Al referirse a la dictadura utiliza repetidamente las palabras ‘gobierno’ y ‘autoridades’ y sus condenas sobre las violaciones de los derechos humanos están llenas de galimatías.

Bachelet insiste diciendo que lo suyo ‘no es política’, que su función es garantizar el respeto a los derechos humanos. Pero después de aceptar y describir detenidamente el bosque del horror en el que Venezuela se convirtió gracias al chavismo y sus medidas autoritarias, exhorta a todos los implicados a trabajar juntos para “lograr una solución”. ¿Si lo suyo no es política, por qué promueve dialogo? Todos los crímenes que Bachelet reseña en su informe son considerados un ataque generalizado y sistemático hacia toda una población, según el Estatuto de Roma, pero la solución que Bachelet promueve es pedirle a Maduro que deje de matar gente, es patético, es insuficiente, y decepciona que vea a la crisis venezolana como un acontecimiento que salió de la nada, sin denunciar directamente a sus victimarios.

La condena no puede ser decirle a la dictadura que garantice la “no repetición de sus crímenes y de la protección del Estado de derecho”. Estamos hablando de una dictadura, de un país que tiene escuadrones de la muerte asesorados por grupos terroristas como Hezbollah y el ELN, de un régimen que en un año y medio ha asesinado a extrajudicialmente a más de 7000 personas alegando “resistencia a la autoridad”. Así que, Bachelet, por favor, más nunca invite a los venezolanos a la ‘reconciliación con el chavismo’, no sea caradura, usted sabe muy bien que el inicio del fin de la crisis venezolana radica en que Nicolás Maduro y su cúpula militar abandonen el poder, así que tenga respeto y haga su trabajo completamente, no a medias.  No habrá reconciliación con el dictador, no habrá impunidad, los venezolanos haremos lo que sea necesario para lograr la justicia y la libertad y si hay algo de lo que estamos seguros, es que con terroristas no se dialoga ni se llegan a acuerdos que impliquen más que la cárcel donde serán recluidos.