¡Albricias, Rafael!

Raúl Andrade Gándara

Rochester, Estados Unidos

Que alegría me ha provocado el leer las declaraciones del séptimo Rafael a la revista Vistazo, declarándose obligado a volver a este país lleno de envidiosos, pusilánimes y mediocres. Va a venir finalmente a demostrarle al País que no se llevó un centavo, que sus decisiones fueron siempre apegadas a derecho y sin ningún cariz ideológico, que jamás patrocinó ninguna demanda millonaria que podría significar y significa perjuicio para los ecuatorianos, pues en su corazón ardiente solo había espacio para beneficiarnos, por eso de “ las manos limpias “.

Los borregos y el resto del país esperamos impacientes el desembarco del único dueño de la verdad, que regresa indignado por el odio y la revancha que lo persigue, después de tantos años de desvelarse por su pueblo, y por supuesto molesto por la audacia de sus compatriotas de pedirle cuentas por los faltantes.

Su asombroso manejo de la moral nos va a revertir, gracias a su sola palabra, el mezquino concepto que sus perversos enemigos han sembrado en el Ecuador. Todos se han confabulado contra él, impoluto líder que nunca supo de un sobreprecio, que se rodeó de ministros y asesores de una honestidad a toda prueba, que nunca escondió información alguna, no se diga una lista, a su amado pueblo, pues no tenía nada que temer porque nadie en su gobierno se robó un centavo.

Lo demostró ayer y lo repite ahora, como hombre de palabra que es: ofreció que si le demostraban su error renunciaría, cosa que hizo con presteza en todos los casos, y finalmente amenazó con pegarse un tiro si demostraban que se había apropiado indebidamente de un solo centavo, disparo que resuena en el ambiente como prueba final de su desapego a las vanidades del poder y su honradez irrebatible.

El no necesita presentar pruebas. Basta su palabra sagrada para que todas las evidencias acumuladas en diez años desaparezcan por arte de magia, y los millones faltantes seguramente se encuentren en alguna oculta partida presupuestaria que sus enemigos olvidaron revisar.

Todas las cuentas cuadran, inclusive las del CNE, que hasta hoy no encuentra huellas ni de fraude ni de contribuciones bajo la mesa, a pesar de la información pública sobre el tema.

Es realmente un imperativo moral que el infalible regrese a iluminar las mentes obtusas que lo cuestionan. Un personaje así no teme orden de captura alguna, pues su presencia será prueba suficiente para desvirtuarla.

Vendrá con sus honoris-causa en la maleta, las cuentas exactas y las listas faltantes, para demostrar que fue víctima de sus enemigos, que aprovecharon sus lapsus de memoria mientras gobernaba al país para sobornar a sus fieles seguidores, y enlodar su nombre impoluto e intocable.

Lo veremos con valentía entregarse voluntariamente, pues quien nada debe nada teme, para explicarnos que su decisión de vivir en Bélgica respondió al profundo cansancio que sintió luego de diez años de inculcar respeto absoluto a la opinión ajena, a las instituciones y a su independencia.

Hombre de valores morales grabados en bronce, nos enseñará con documentos que todo lo que hizo estuvo bien, sin duda, que el 30S solo se compara con la revolución francesa, que jamás hubo censura de prensa ni entonces ni luego, que la persecución a sus enemigos es falsa, y que los juicios los ganó siempre en buena lid cuando fue presidente, nunca después, inexplicablemente. 


Qué importante será su regreso, Don Correone, para desmentir estas patrañas, para que no se compruebe la delincuencia organizada que reinó en su mandato, para que demanden a los perversos de la empresa privada que coimearon a sus emisarios a cambio de contratos con un estado que, al fin y al cabo, era suyo por derecho divino. Qué bueno que a su regreso nos explicará por qué insistió en imponer a Jorge Glas como vicepresidente a sabiendas que Odebrecht lo señalaba como el cajero de los sobornos a su gobierno.


Esperamos con ansia su retorno, para que, desde Latacunga, nos ilumine con sus sabatinas explicativas y esclarecedoras, y pretenda aclarar lo inexplicable desde su incuestionable dominio de la verdad absoluta. Venga Don Correone. La mesa está servida. ¡Solo falta usted!

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