Tuerta, manca y coja
Montevideo, Uruguay
La versión circuló insistentemente a fines del pasado año: en marzo el chileno José Miguel Insulza renuncia a la Secretaría General de la OEA.
La versión circuló insistentemente a fines del pasado año: en marzo el chileno José Miguel Insulza renuncia a la Secretaría General de la OEA.
Si bien el triunfo de Alianza País proviene en buena parte de las dramáticas condiciones de desigualdad que enfrentaron los candidatos de oposición y la manipulación oficial del método electoral para sobrerrepresentar a las mayorías (en flagrante contradicción con lo proclamado en el 2006), no hay duda de que el electorado apostó claramente por el status quo y un modelo caudillista sin cortapisas.
Nada como el testimonio de aquel cuyo escepticismo ha sido desvanecido por una inspiración sobrenatural. Peter Seewald, un periodista alemán que en su juventud abandonó la fe y suscribió el marxismo, fundando un semanario de izquierda radical, entrevistó a Joseph Ratzinger en varias ocasiones, cuando cardenal y también cuando Papa. La primera de tales entrevistas, en 1996, no solamente terminó en un libro titulado «Sal de la Tierra», sino también en la conversión de Seewald al catolicismo, quien describe en estos términos la presencia de Benedicto XVI: «…se hace visible de forma especial un resplandor de la Luz del mundo, del rostro de Jesucristo, que quiere salir al encuentro de cada ser humano…»
Los resultados de las elecciones generales de 17 de febrero de 2013 han dejado múltiples lecciones e interpretaciones. Cadáveres políticos para todos los gustos y un líder claramente identificado para inaugurar la oposición. Sin embargo es indiscutible la inmensa victoria del Presidente Correa, más que por su propia votación, por los resultados obtenidos en la Asamblea Nacional.
Políticamente el apoyo popular es decisivo. Por ello, a vista del político consecuencialista las elecciones son el fin más importante de su actividad. Eso parece dar fuerza y parece otorgar razón. Sin embargo, la mayoría, la masa, no otorga razón, solamente peso, bulto, respaldo, pero no razón. Al menos no necesariamente. Una afirmación contraria no entraría en un silogismo.
Si la democracia es el sistema que permite a los ciudadanos cambiar de gobierno de manera pacífica, el reciente proceso electoral es la mejor prueba de que lo que tenemos en Ecuador no es democracia. Hemos tenido campañas y elecciones, es verdad. Pero democracia no es lo que hemos tenido, y a juzgar por lo sucedido en últimos años probablemente no la tendremos por algún tiempo.
La arrolladora reelección en primera vuelta de Rafael Correa como presidente de Ecuador, con mas de 30 puntos de ventaja sobre su inmediato rival, muestra que el poder no ha desgastado a este economista de izquierdas, formado en Estados Unidos y elegido por primera vez hace seis años. Al laminar a una oposición fragmentada, el líder ecuatoriano se asegura una década en el poder, el mandato más largo en la historia de un país caracterizado por la inestabilidad y la progresiva irrelevancia de los partidos tradicionales.
La jornada electoral del domingo, por una diversidad de razones, despertó en mi el recuerdo de la vieja ópera infantil Brundibár. Era 1942 y el compositor checo Hans Krása había sido trasladado al Campo de Concentración de Terezín. No pudo llevar consigo la partitura de su más reciente trabajo, Brundibár, por cuanto tuvo que rehacerlo dentro de las paredes del campo de concentración nazi. Después reunió a todos los niños que permanecían en Terezín y comenzó las prácticas. Se dice que la ópera fue representada alrededor de 55 veces. Las primeras, obviamente, se realizaron en la clandestinidad. Al poco tiempo fueron descubiertos por los nazis y a ellos la ópera les cayó como anillo al dedo.
Ahora que una marea color verde invade la Shyris, mientras los tambores de la victoria de Rafael Correa aún resuenan en la noche y los cantos de júbilo celebran el mayor triunfo electoral desde el retorno de la democracia, yo quiero detenerme para resaltar la valía de un hombre. Muchos quemarán incienso en honor del vencedor. Yo quiero hablarles del hombre que perdió y que, en mi criterio, constituye la gran sorpresa del proceso electoral que ha terminado esta noche. El señor Guillermo Lasso.
El viejo adagio de que “la hora más oscura es la que precede al amanecer”, bien podría describir lo que le tocará vivir al Ecuador en los próximos años. Habiendo sido reelecto con una votación mayor a la obtenida en el 2009, alcanzando más de dos tercios de la próxima Asamblea Nacional, con un control absoluto sobre el Poder Judicial y los demás órganos del estado, Rafael Correa es sin lugar a dudas, el gobernante con mayor poder en la historia del Ecuador.
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