Escándalo en Túnez deriva en ola de denuncias de acoso sexual

Marcha de #MeToo en Holywood. Foto: businessinsider.com/i

A mediados de octubre, en plena campaña electoral, la fotografía de un candidato -después elegido- comenzó a circular en las redes sociales acompañada de las palabras «acoso sexual». Horas después, cientos de internautas compartieron otras experiencias bajo la etiqueta de «Ena Zeda» (en dialecto tunecino, Yo también) siguiendo la estela del movimiento global frente al acoso machista (#MeToo).

La imagen fue tomada por una joven de 19 años con su teléfono móvil y mostraba a Zouheir Makhlouf, miembro del partido Qalb Tounes (Corazón de Túnez), en su vehículo con los pantalones bajados frente a un instituto en la ciudad de Nabeul, 70 kilómetros al sur de la capital.

Según la estudiante, que mantiene el anonimato, el hombre- cuya identidad desconocía- le había seguido con su coche mientras se masturbaba; en su defensa ante el juez, Makhlouf, ahora en libertad condicional, argumentó, sin embargo, que padece diabetes y que en realidad estaba orinando en una botella a causa de su enfermedad.

La polémica sirvió, no obstante, para detonar un movimiento global contra el abuso nacido en Hollywood que llega a Túnez más tarde que en otros países árabes y musulmanes como el Líbano, Arabia Saudí o Marruecos, pese a tener fama de ser una sociedad más liberal.

Para canalizar la avalancha de testimonios, la asociación «Aswat Nissaa» (Voces de mujeres), que batalla por la inclusión de la perspectiva de género en las políticas públicas, abrió un grupo en la red social Facebook, que en apenas tres semanas ha alcanzado los 20.000 seguidores y más de 90.000 publicaciones.

Una iniciativa «espontánea», aseguran, que trata de acabar con la «cultura del silencio» y que, para sorpresa de las organizadoras, desveló no sólo casos de acoso y agresiones sexuales si no también de incesto y pedofilia.

«No hay ni una sola mujer en este país que no haya sufrido al menos una vez en su vida un episodio como este», declara a Efe su portavoz, Sonia Ben Miled.

Para la responsable, «compartir su experiencia puede ser terapéutico, una forma de exorcizar el trauma que han sufrido y un primer paso para luego, si quieren, denunciar ante la justicia».

Malek L., diplomada en Ciencias Políticas, recuerda como «un tipo me siguió en coche durante diez minutos hasta llegar a una calle desierta por la noche, entonces le tiré una compresa usada a su coche y él volvió para decirme que era una golfa y una maleducada».

Algunas personalidades públicas se han unido a la campaña, como la ministra de Empleo, miembro del partido conservador de tendencia islamista «Ennahda», Said Ounissi, quien confesó en su página Facebook «haber tenido miedo de los coches blancos durante mucho tiempo» tras sufrir un agresión similar cuando tenía 12 años.

También la actriz Asma Thabet, quien acusó al magnate de la comunicación Sami Fehri de haberla acosado hace una década, cuando estudiaba arte dramático.

«Varios de sus colaboradores estaban al corriente y me pidieron que no lo tuviera en cuenta porque estaba bajo los efectos del alcohol», reveló días antes de que el presentador fuera condenado a prisión provisional por un supuesto delito de corrupción.

«Para mí ha sido un paso muy importante en mi liberación, no dejarme llevar por la tradición que obliga a la víctima a guardar silencio para no verse implicada en un escándalo. La sociedad criminaliza a la víctima y permite a los acosadores continuar», revela a Efe Thabet, que se mudó a Nueva York para poder trabajar en un espacio «seguro».

Túnez cuenta desde 2018 con una pionera ley contra la violencia machista que aumentó la edad de madurez sexual de 13 a 18 años, retiró el artículo que permitía al violador de una menor evitar una pena de cárcel si se casaba con la víctima y castiga por primera vez el acoso sexual con hasta dos años de prisión y una multa de 1.500 euros.

Para Neus Tirado Gual, especializada en género y sociolingüística residente en el país, «la batalla de la sociedad civil es que la ley se aplique, que tenga los recursos económicos y humanos necesarios, pero sobre todo la voluntad política».

«Túnez está muy avanzado en el tema legislativo pero en el ámbito social queda mucho trabajo por hacer. Hay que sensibilizar, formar a los responsables de los juzgados, de las comisarías y de los centros de salud para que sean capaces de gestionar casos de violencia sexual», subraya.

Según un informe del Centro de Estudios, Documentación e Información sobre la Mujer (CREDIF) publicado en 2016, el 97% de las víctimas de violencia y abusos sexuales encuestadas no denunciaron.

El reto ahora es llevar esa batalla virtual a la práctica: las activistas proponen grupos de apoyo o clases de defensa personal pero sobre todo defienden la importancia de la educación sexual para romper los tabúes y sensibilizar a los niños desde muy temprana edad. EFE (I)

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