
Diego Cornejo


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Tsunami espiritual
¿Un desagravio? ¿Un reencuentro? ¿Un pare simbólico a un poder desbocado? Era evidente que el lanzamiento, en Quito, del libro «Nux Vómica» de Diego Cornejo no iba a ser una reunión ordinaria. Si los símbolos cuentan, y en lo público no hay cómo evitar que signifiquen, la presentación de ese libro estaba destinada a revelar señales del ritmo político de la capital. Sobre todo del medio progresista que, en general, miró con buenos ojos la llegada al poder de Rafael Correa y la participación de intelectuales en su Gobierno. Una pléyade de nombres y firmas, del medio académico y artístico, en particular, que el presidente se preciaría de tener de su lado.

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¿Qué pasó, Javier Ponce?
Javier. Esta carta va dirigida al intelectual que muchos llamábamos por el nombre y tuteábamos. No al ministro que despacha desde La Recoleta. ¿Qué es un hombre rebelde?, se preguntó Albert Camus. La respuesta tú la conoces: «es un hombre que dice No». Tú fuiste rebelde y quizá por eso estás en este gobierno. Eras un referente. Tus amigos te veían como una voz y una pluma; como un periodista y un poeta impertinente e irreverente. Y se pudieran agregar más adjetivos. Y tus amigos celebraban que fueras así: la mala conciencia, como decía Pasolini, de muchos.

Unas líneas sobre el honor
“Prensa corrupta” ha escuchado todo el país, a diario, durante cinco años. “Prensa corrupta” a toda hora, en todas partes, por todos los medios, como ‘leit motiv’ de una propaganda aplastante, en la que el gobierno ha gastado muchos millones de dólares del dinero público para tratar de descalificar al periodismo independiente y de justificar su amordazamiento. Diego Cornejo y César Ricaurte, personas íntegras y valerosas, periodistas de talento y coraje, son las más recientes víctimas de esa campaña.