Un llamado a silenciar a la prensa alarmista

Una imagen satelital proporcionada por Vantor muestra la base de drones destruida en Konarak, Irán, el 1 de marzo de 2026. Una operación militar conjunta estadounidense-israelí continuó en su segundo día desde que atacó múltiples puntos de Irán en la madrugada del 28 de febrero de 2026. Posteriormente, Irán lanzó continuos ataques de represalia contra Israel y los países del Golfo. EFE/EPA/SATÉLITE IMAGE ©2025 VANTOR

María de Lourdes Maldonado

Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos

Hace poco tiempo un reconocido medio de comunicación emitió una nota periodística completamente alejada de la verdad, afectando gravemente el trabajo de una organización que representaba en ese momento.  Pese a haber dirigido varias quejas a las autoridades del medio y exigir nuestro derecho a réplica, nunca obtuvimos respuesta.  No faltaron las voces que me impulsaban a iniciar acciones legales contra dicho medio, pero preferí la paz. 

En ese momento perdí mi confianza en la prensa.  Comprendí que, lamentablemente, muchos de ellos se mueven por intereses privados, políticos, ideológicos o simplemente económicos. Sin embargo, la necesidad de mantenerme informada sobre el Ecuador y el mundo no me permitió alejarme completamente de ellos.

Lo curioso es que la vida suele tener siempre un efecto rebote.  Hace pocos días escuché que una de las personas que en ese momento no respondió mi queja reclamaba, a través de distintos medios de comunicación e incluso de organizaciones defensoras del periodismo y la libertad de expresión, ser víctima de persecución. 

Si lo es o no, difícilmente lo sabremos, pues hoy tampoco tenemos la certeza de que la información que se difunde por sus medios amigos sea realmente certera.

Para mi tristeza, hoy, desde un lugar afectado por la situación de Irán, he vuelto a experimentar los impactos de la prensa sensacionalista y alarmista.  Y esta vez la información no necesariamente proviene de medios de dudosa reputación, sino todo lo contrario.  Familiares y amigos me escriben todos los días con el corazón en la mano por lo que leen y escuchan… cuando la realidad es muy diferente.

Comparto estas historias con un solo propósito.  Si aspiramos a una verdadera convivencia pacífica -que estoy segura es el anhelo de la mayoría- debemos empezar por convertirnos en generadores de paz. Un trabajo periodístico responsable puede ser una de las herramientas más poderosas para mover conciencias, identificar problemas reales, visibilizar soluciones y, en ocasiones, incluso cambiar el rumbo de la historia.

Pero una prensa irresponsable produce exactamente lo contrario: genera caos, profundiza divisiones y, lo que es más grave, expone a quienes ya se encuentran en condiciones de extrema vulnerabilidad, como quienes hoy viven en medio de una guerra.

Debemos recordar que detrás de cada historia hay seres humanos. La prudencia con la que se comunica una noticia puede marcar la diferencia entre la tranquilidad o el miedo, entre la esperanza o la desesperación, e incluso -en algunos casos- entre la vida o la muerte de muchas personas.  El mundo da vueltas -ya lo vimos con la historia que les compartí- y nunca sabremos si mañana seremos nosotros, nuestros seres queridos o nuestros amigos quienes aparezcan en esas historias que hoy se difunden con ligereza.

Un periodista no puede ser un influencer cuyo objetivo principal sea ganar seguidores. El periodismo es mucho más que eso. Es una responsabilidad profunda con la verdad y con la sociedad. Un periodista es un agente fundamental capaz no solo de informar, sino de influir en la historia de una sociedad. 

Por eso, es hora de ser coherentes.  Si realmente rogamos por la paz del mundo, debemos comenzar por algo fundamental: trabajar con responsabilidad en los espacios desde los cuales nos comunicamos.  Recordar que la paz también se construye -o se destruye- con cada palabra que se publica.

  • María de Lourdes Maldonado es parte del colectivo «Dignidad y derecho».

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