Quito recuperará una fuente de abastecimiento de agua potable que permaneció fuera de operación durante cinco años. La reconstrucción de la captación Blanco Chico, ejecutada por la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps-Agua de Quito), permitirá reincorporar 700 litros por segundo al Sistema Papallacta Integrado, en beneficio de cerca del 45 % de la población del Distrito Metropolitano.
El alcalde de Quito, Pabel Muñoz, realizó, este jueves 18 de junio de 2026, un recorrido técnico por la obra que registra un avance del 93 % y que se construyó para reemplazar la estructura que fue destruida en julio de 2021 por una crecida extraordinaria del río Blanco Chico.
La captación está ubicada en la Reserva Ecológica Cayambe-Coca, en las faldas orientales de la cordillera andina, en la provincia del Napo y forma parte de la fase de bombeo del Sistema Papallacta Integrado, que abastece al norte de Quito y a las parroquias de Cumbayá, Tumbaco, Puembo, Pifo, Checa, El Quinche, Yaruquí y Tababela.
Para recuperar esta fuente, Epmaps ejecuta una intervención que incluye la construcción de una nueva estructura de captación y la instalación de una línea de conducción a través de un túnel de 640 metros excavado en roca.
La inversión es de USD 726 mil con un plazo de ejecución de 455 días. Una vez concluidos los trabajos, previstos finales de este mes, se realizarán las pruebas hidráulicas para el inicio de las operaciones.
El Sistema Papallacta Integrado abastece a toda la zona norte de Quito, desde la avenida Naciones Unidas hasta Calderón, además de las parroquias parroquias nororientales.
El alcalde de la ciudad también recorrió la represa Salvefaccha, què es parte del sistema Papallacta.
NUEVAS TECNOLOGÍAS PARA EL MONITOREO DEL AGUA EN EL EMBALSE SALVE FACCHA
En el marco del recorrido técnico, el alcalde inspeccionó las acciones de monitoreo de calidad del agua. En este punto se instalaron boyas multiparamétricas que permiten el monitoreo en tiempo real.
Estos equipos registran cada hora variables como pH, temperatura del agua y del ambiente, oxígeno disuelto, turbiedad, conductividad y clorofila, generando información continua sobre su comportamiento.
Las boyas están ubicadas en dos zonas estratégicas: la de mayor profundidad y el área cercana a los afluentes. Su función es detectar cambios inusuales y generar datos para el análisis permanente del recurso hídrico.
En este año se incorporaron tres equipos para la detección y monitoreo de microalgas y cianobacterias, dentro de un proyecto conjunto con la Universidad Central del Ecuador (UCE) y la Escuela Politécnica Nacional (EPN). Esta tecnología permite observar la presencia de estos microorganismos y su evolución dentro del embalse.
La información que generan estos equipos permite anticipar cambios en la calidad del agua y activar medidas de control con mayor oportunidad, lo que incide directamente en la continuidad del servicio para la ciudad.
