Guayaquil, Ecuador
El gobierno de Ecuador por medio del Ministerio de Finanzas y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presentaron la agenda de crecimiento 2040, un plan para la economía del país que tiene como objetivo marcar una hoja de ruta para los próximos años.
Se hace énfasis en 4 pilares principales: Institucionalidad y seguridad jurídica para los inversionistas, estabilidad fiscal, competitividad y capital humano y oportunidades orientadas a la creación de empleo, educación y reducción de la desnutrición infantil.
Es justo reconocer varios aspectos positivos del plan, como el hecho de que se identifica que la inversión privada es el verdadero motor del crecimiento y no el gasto público. Contemplar la importancia de la seguridad jurídica es una excelente medida porque el crecimiento de un país depende de reglas generales y previsibles.
Otro de los puntos a destacar es que en vez de centrar el debate en subsidios y redistribución que no solucionan los problemas de fondo intentará hacer ahora desde la competitividad y la productividad, y finalmente, aunque ningún gobierno puede garantizar la continuidad de una estrategia hasta 2040 al menos se reconoce la necesidad de mantener un enfoque a largo plazo y un plan de acción que debería ser llevado a cabo por los gobiernos sin importar la ideología y la política.
Sin embargo, también hacen falta algunos temas importantes como el mantener un equilibrio fiscal permanente, no basta con decir que habrá responsabilidad fiscal, debe existir un compromiso para eliminar el déficit y reducir el gasto público improductivo mientras se reduce el tamaño del Estado y se limitan sus competencias.
Uno de los puntos más importantes debería ser una profunda reforma laboral, pues conservamos una estructurada desde 1938, el impedir acuerdos voluntarios solo perjudica a quienes pretende proteger.
Más que crear incentivos sectoriales, sería preferible la simplificación tributaria; menos impuestos, reglas simples, menos exenciones y menor carga administrativa y mucha menos regulación
Además, de querer atraer inversión el Impuesto a la Salida de Divisas es una contradicción, pues el capital debe poder moverse libremente hacia donde sea más productivo.

El verdadero desafío no es diseñar una hoja de ruta, sino desmontar las barreras que hoy impiden producir, invertir y contratar. Cuando el Estado deja de obstaculizar la iniciativa privada, los emprendedores no necesitan una agenda para crear riqueza: necesitan reglas claras, impuestos razonables, estabilidad fiscal y la certeza de que podrán conservar el fruto de su trabajo.
