“Diálogos sobre la fe” (2025), Martin Scorsese y Antonio Spadaro

Andrés Cárdenas Matute

Quito, Ecuador

Cuando Martin Scorsese era niño, ayudaba en Misa al padre Francis Principe, figura importante en su vida. Después de la bendición, el pequeño Martin se preguntaba: ¿Por qué la vida puede continuar igual después de lo que acaba de suceder? ¿Por qué el cuerpo y la sangre de Cristo no han conmovido al mundo? Lo cuenta en conversación con Antonio Spadaro, sacerdote y ensayista, en Diálogos sobre la fe (Planeta, 2015). Se habla mucho de la filmografía del autor de Toro salvaje (1980); quizás de manera más extensa sobre Silencio (2016), Killers of the Flower Moon (2023), y en algún momento sobre La última tentación de Cristo (1988). Scorsese dedica unas líneas a los hermanos Dardenne porque “hacen películas de suspense espiritual” sobre personas que “no parecen ni buenas ni malas, solo son personas”; y regala al sacerdote –meses antes de que el mismo Papa León XIV lo recomendara a todos– un ejemplar de La práctica de la presencia de Dios, del hermano Lorenzo: “Cuando yo era pequeño me preguntaba: ¿Para qué sirve rezar? ¿Qué significa rezar por algo? ¿Por qué se hace dentro de las cuatro paredes de una iglesia? El hermano Lorenzo daba las respuestas. Toda su vida es oración”. Hay algo a que a Spadaro, como a toda persona interesada en los relatos, le interesa, y es el tema de la libertad: según cómo se comprenda antropológicamente la libertad será la profundidad de las historias. Tienen esta conversación a propósito de la escritora Marilynne Robinson, hasta que el sacerdote pregunta directamente: ¿Crees en la predestinación de un personaje? “Obviamente, como creadores de obras de ficción, sabemos lo que nuestros personajes van a hacer. Pero a la hora de hallar el modo de contar las historias es importante mantener presente el misterio de la humanidad. ¿Por qué hacen eso es vez de lo otro? La libertad humana tiene sin duda importancia en mis películas; de no ser así, no hablaríamos de redención. Cuando el padre Principe nos decía «no tienen que vivir así», en realidad nos estaba diciendo que había otro camino espiritual que no solo nos sacaría del barrio, sino que nos abriría los corazones y las mentes. Nos enseñaba que teníamos la libertad de elegir”.

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