La madrugada del 13 de agosto de 2026, el recinto El Marañón, en la parroquia La Guayas del cantón El Empalme (Guayas), fue escenario de un nuevo hecho de violencia extrema. Siete hombres encapuchados y fuertemente armados irrumpieron en una vivienda, se llevaron por la fuerza a dos hermanos y, horas después, los tres cuerpos aparecieron en una zona rural.
Las víctimas fueron identificadas como Jostin Joel Mero Prados, de 19 años, y Andy Valentín Mero Prados, de 22, los hermanos secuestrados, junto a Ángel Alfonso Herrera Herrera, de 33 años. Según el reporte policial difundido, los tres presentaban múltiples impactos de bala y heridas causadas por arma blanca. Cerca de los cadáveres se hallaron panfletos, indicios que las autoridades levantaron para determinar el móvil del crimen.
Los atacantes escaparon en camionetas y motocicletas. La Policía Nacional investiga el caso como un posible ajuste de cuentas vinculado a disputas territoriales por el control del microtráfico, un patrón recurrente en El Empalme y otras zonas de la Costa, donde las bandas criminales mantienen una disputa abierta por el dominio de rutas y puntos de venta.
El hecho se suma a una larga lista de ataques armados, secuestros y ejecuciones que han marcado a este cantón del norte de Guayas durante 2026. La modalidad —secuestro selectivo seguido de asesinato y el uso de panfletos— refleja el nivel de organización y el mensaje de terror que buscan proyectar los grupos delictivos.
Hasta el cierre de esta nota, no se reportaban capturas de los responsables ni la confirmación oficial del móvil exacto. El Empalme continúa siendo uno de los territorios más afectados por la violencia asociada al crimen organizado en la provincia.
Según los últimos datos oficiales de la Policía Nacional, entre el 1 de enero y el 3 de agosto de 2026 Ecuador registró una reducción del 8 % en muertes violentas respecto al mismo periodo de 2025, con 432 casos menos. Esto sitúa el acumulado de 2026 en torno a las 4.970 muertes violentas hasta principios de agosto, frente a aproximadamente 5.400 en el periodo equivalente del año anterior. Pese a la disminución, el país mantiene niveles históricamente altos de letalidad.
