
Guayaquil, Ecuador
La situación que vive el país, no tiene precedentes, de «isla de paz» a un clima de violencia que aterra.
Tampoco podemos decir que esta situación apareció por generación espontánea; no podemos dejar de ver las causas porque los efectos los palpamos día a día. Es verdad que vivimos en una sociedad de iniquidades, con diferencias enormes, especialmente en lo económico y en lo social, pero tampoco podemos dejar de señalar a los responsables que han coadyuvado en el crecimiento del clima de violencia que vivimos, exclusivamente por intereses políticos y por qué no, económicos.
La prensa es sumamente importante para que la sociedad esté debidamente informada, eso por un lado genera confianza, pero por otro resulta que crea una situación de terror y espanto, generando una verdadera psicosis colectiva, especialmente los noticieros televisivos, muchas veces con escenas truculentas de masacres, de muertes y de violencia extrema. A esto se suman las redes sociales que no tienen límite, peor control.
El sistema carcelario es un tema complejo, ha sido manejado históricamente «a palo de ciego», hasta llegar a ser uno de los focos más terribles de la violencia y centro de mando de capos de las bandas criminales que desde ahí dirigen todas las acciones delictivas que tienen al país en vilo.
El control de la violencia se ha tornado cada vez más compleja, las bandas criminales, especialmente del narcotráfico, tienen recursos ilimitados para adquirir armas, equipos (lanchas rápidas, avionetas, sumergibles, etc.) y la compra de voluntades de autoridades civiles, militares, policiales y lo que es más preocupante, de jueces y fiscales.
El hacinamiento carcelario es un problema que se viene acarreando especialmente desde que se reformó en 2014 el Código Orgánico Integral Penal (COIP), con la acumulación de penas, a esto se suma la falta de una verdadera política carcelaria que cumpla con uno de los objetivos: la rehabilitación de las personas privadas de la libertad (PPL).
Esto, por un lado, el otro gran problema es el control de la delincuencia, que cada vez es más difícil de combatir, se ha vuelto más agresiva y su audacia ha roto todos los límites; asesinatos, robos violentos, secuestros que aterran, para conseguir el rescate de las víctimas, los criminales no reparan en torturar a las secuestrados, cortándoles los dedos o extrayéndoles las uñas, etc.
Las masacres, especialmente en enfrentamientos entre bandas son a diario, con víctimas colaterales inocentes.
Todo este escenario lo conocemos, pero hay un tema que preocupa, es el de los Derechos Humanos (DD.HH.), importante avance de la humanidad en defensa de víctimas, pero cada vez se lo viene manipulando al antojo de intereses políticos, hay la percepción que los DD.HH. defienden a los delincuentes. Igual la prensa, muchas veces facilita sus espacios para que verdaderos asesinos, violadores, secuestradores, es decir delincuentes de toda laya, digan «sus verdades», tergiversen la realidad, aparecen como víctimas y más bien las autoridades, militares y policías que se juegan la vida en el fiel cumplimiento de su deber, aparecen como victimarios.
