El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ve en la destitución y captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de EEUU una manifestación de una nueva era -no liberal- que podría redundar en beneficios para su país, principalmente en el sector energético.
«Es una manifestación potente del nuevo mundo. Este será el idioma en el que se hablará en el futuro», afirmó el ultranacionalista Orbán ante la prensa internacional en Budapest al ser interrogado sobre la detención de Maduro y de su espesa el sábado en Caracas.
El presidente venezolano fue trasladado por la fuerza a una cárcel de Nueva York, desde donde deberá afrontar un juicio por supuestos delitos vinculados al narcotráfico cuya primera vista ha tenido lugar hoy.
Para Orbán, la intervención militar del sábado en Venezuela ordenada por el presidente estadounidense, Donald Trump, evidencia que «el mundo liberal ha llegado a su fin», dando paso a uno nuevo que si bien «por el momento no tiene contornos claros», sí puede esperarse que en él las potencias no respetarán las normas del derecho internacional.

Por otro lado, expresó indirectamente su apoyo a Trump, a quien considera un aliado y amigo, al resaltar la importancia de la lucha contra las drogas y afirmar que «la caída de cualquier ‘narcoestado’ es una buena noticia».
No obstante, declinó posicionarse sobre la controvertida intervención de Washington en América Latina desde un punto de vista moral y aseguró que su Gobierno «solo considera qué es bueno y qué es malo para Hungría».
En este contexto, dijo esperar que lo sucedido en Venezuela conduzca a un abaratamiento de los hidrocarburos, algo de lo que se beneficiaría Hungría como país importador neto de energía.
Eso sí, admitió que la bajada de los ‘petroprecios’ dependerá de si Washington logra aumentar los volúmenes de crudo extraídos en Venezuela y suministrados al mercado mundial.
Orbán es un cercano aliado tanto del presidente estadounidense, Donald Trump, como también de su homólogo ruso, Vladimir Putin, al tiempo que mantiene un constante pulso con la Comisión Europea, contra la que arremete con frecuencia, y sus socios comunitarios en diversos ámbitos, como la invasión rusa de Ucrania, donde se opone a apoyar militarmente a la nación atacada.
Hungría fue el único socio de la Unión Europea que se desmarcó del llamamiento de la alta representante del bloque, Kaja Kallas, para que en Venezuela tenga lugar una transición pacífica y «respetuosa con su soberanía».
La correspondiente declaración, emitida ayer, domingo, instaba a la «calma y moderación» y fue respaldada por todos los demás 26 Estados miembros de la Unión Europea.
Al aludir al rechazo húngaro a firmar el documento, Orbán se limitó a recordar que la política exterior es una competencia nacional.
Su partido, el Fidesz, es cofundador y miembro del grupo ‘Patriotas por Europa’ del Parlamento Europeo, integrado por otras formaciones de extrema derecha y euroescépticas, como el español Vox, la Agrupación Nacional francesa o la Liga italiana.
Todos ellos suelen definirse como ‘soberanistas’ alegando que defienden mejor que otros la soberanía nacional.
No obstante, hasta ahora el Fidesz no se ha pronunciado sobre la violación de la soberanía venezolana que según muchos expertos en derecho internacional habría perpetrado Washington con su reciente intervención.
En 2023, tras reunirse con Maduro en Caracas, el ministro de Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, resaltó que coincidía con el mandatario latinoamericano en que «la principal responsabilidad de los líderes electos es defender la soberanía de sus países y resistir a los intentos de intervención externa». EFE (I)
