Guayaquil, Ecuador
Para 1998 Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa escribieron un libro que casi, casi debería de ser considerado un libro de texto obligatorio (digo casi, pues creo en la libertad) para las carreras de economía, derecho, periodismo, docencia y ciencias políticos. La razón es muy sencilla: es necesario comprender las causas del atraso relativo que padecemos en América Latina; de lo contrario, seguiremos estancados.
Uno de los temas implícitos en el libro es que nuestra pobreza no guarda relación con el colonialismo, la ubicación geográfica ni el imperialismo, sino más bien con un conjunto de ideas que, lejos de ayudar a resolver nuestros problemas, los agravan.
De hecho, es fácil colegir que aquello que se rechaza en el texto (colonialismo, geografía, imperialismo) son, a todas luces, las recurrentes tesis de la izquierda latinoamericana, mil veces desmentidas tanto por la ciencia como por la historia de las naciones prósperas.
Sin embargo, no es menor la cuota de responsabilidad que los autores atribuyen a “nuestra intelectualidad”, cuyas ideas sustentan el inmovilismo, el populismo y la instalación de un relato que perpetúa nuestra miseria.
De hecho, han sido ellos —nuestros intelectuales— quienes lograron sembrar ideas contrarias al respeto por la propiedad privada, la apertura económica, la limitación del poder y el valor de la libertad: todos elementos comunes en las naciones desarrolladas.
Su recetario, tan largo como empobrecedor, aún en la actualidad opta por el victimismo, echar la culpa siempre a factores externos, justificar totalitarismos revolucionarios que siempre fallan ahí donde se los instaura. En fin, todas recetas que lejos de terminar con la enfermedad, terminan matando al paciente. En cada una de las incursiones de la izquierda —especialmente de la más radical, la “carnívora”— se acaba fabricando miseria.

No queda más que sugerir la lectura de este tipo de textos, pues es en estas ideas —las liberales— donde se encuentra, como alguna vez me dijo Carlos Alberto Montaner, la solución a la pobreza crónica de América Latina.
Seguimos conversando.
