Guayaquil, Ecuador
Los ecuatorianos somos un ser extraño, quizás porque fuimos educados por la izquierda, y es que esa es la única razón por la que tenemos en el subconsciente que es veraz –o por lo menos lógico- el dicho “donde hay una necesidad, hay un derecho”.
Recientemente fue de gran debate el Acuerdo Ministerial expedido por el ministro del Trabajo Burbano, puesto que se ha dicho con mucho ahínco que este representa una regresión a los derechos del trabajador, sin embargo y fiel a mis principios debo dar la primera gran declaración al respecto: los del gobierno están en lo correcto.
A pesar de ser crítico del gobierno actual, debo reconocer cuando toma decisiones adecuadas, y esa es la reciente micro-reforma laboral que han promulgado a través de un Acuerdo Ministerial. Y si, este será mi artículo menos popular ya que sé que tendré encima a todo un aparato listo para responder con la negativa; aquellos que salen a la calle a defender los derechos del trabajador, sin darse cuenta que en realidad lo que defienden son utopías, sueños, y, en fin, barcos que nunca verán puerto, ya que el sistema que abanderan es el que nos ha sumido en los índices de desempleo actual.
Los que se hacen llamar defensores del trabajador son los primeros enemigos de la creación de empleo, ya que defienden un sistema que no lo incentiva, que no permite que este se desarrolle.
En términos explicativos lo pondré así. Es muy común escuchar que “Pablo se fue a vivir a Estados Unidos, y le va bien porque tiene dos trabajos”, en esa frase podemos ver tres componentes: primero, Pablo buscó un sistema capitalista en el que está dispuesto a trabajar más por un futuro mejor; segundo, Pablo ha conseguido un trabajo por horas, caso contrario no alcanzaría el día para completar dos empleos y tener descanso; y tercero, producto de trabajar más, Pablo ha recibido el pago grande que tanto ha anhelado, ya que ha cumplido con una premisa básica, el costo-beneficio, es decir, que a cambio de trabajar más, él ha podido ver mejores frutos como: tener mejores ingresos, mismos que en su país de origen ni teniendo maestría alcanzaría.
Ahora bien, este es el sistema al que nos negamos, pero eso solo si hablamos de trabajo por jornada definida (por horas), pero y ¿Qué pasa si hablamos del banco de horas? Perfecto ahí vamos, para no cansar al pobre Pablo –que muy bien le va trabajando para un sistema eficiente- escogeremos a Carlos, quien es el encargado del manejo de una bodega en una importante importadora de Guayaquil.
Digamos que la llegada de mercadería a la empresa está programada para los martes y jueves, y lunes, miércoles y viernes se dedican al inventario de esto. En un escenario con el uso eficiente de un banco de horas, los días martes y jueves Carlos podría trabajar hasta 4 horas más, a cambio de que el viernes lo tiene libre, siendo así que tiene 3 días de descanso (viernes, sábado y domingo). ¿Suena bien no?
Pues sí que lo es, lastimosamente esto no lo dejan ver los sindicalistas, mismos que dicen que por “salud” no es conveniente ya que se debe “garantizar el descanso”, sin darse cuenta que siempre será mejor un día entero del mismo a unas cuantas horas más, pero bueno como le dijo el presidente Milei a los diputados kirchneristas “suman con dificultad”.
En todo caso, esto solo por mencionar aquello a lo que el Acuerdo hace mención, pero seamos claros con algo, no es ni la mitad de las reformas a la normativa laboral que necesita el país, sin embargo, estamos viendo como por fin se están dando pequeños pasos para hacer más atractivo al Ecuador ante los ojos del empresariado, mismo que crea empleo y consigo mejores condiciones de vida.
Por otra parte, saldrán a decir: ¡Claro este sistema solo defiende a los empresarios! Y en realidad no, más bien, defiende a los trabajadores y en sí, aboga por aquellos que no lo son –los desempleados- ya que con medidas como esta, se hace más atractiva la contratación, y por lo tanto se la incentiva.

Nadie invierte para perder, y el otorgar trabajo es una inversión no un acto de beneficencia, si tan solo viéramos al mercado como lo que es, mercado, no nos haríamos lío, y es que estamos cansados de escuchar que siete de cada diez ecuatorianos no tienen empleo, pero nos negamos a cambiar las reglas del juego.
Esto se resume en algo simple: No se puede tener cambios reales si se hace lo mismo de siempre.
