Cacao: auge, declive, resurgimiento… ¿y qué vendrá?

Emilio Gallardo González

Guayaquil, Ecuador

El cacao se ha mantenido estrechamente vinculado a la historia económica y social del Ecuador. Desde la época colonial fue considerado un producto clave para el  impulso de la economía. Posteriormente, durante el proceso de  independencia de España, desempeñó un papel fundamental al contribuir con el financiamiento.

Para los fines de este artículo, y considerando  limitaciones de espacio, presento un breve análisis de la evolución económica del grano desde 1799 hasta la actualidad. He clasificado este proceso, de acuerdo a mi criterio, en tres ciclos de muy largo plazo, definidos en función de lo que considero eventos centrales.

Primer ciclo: Inserción en el mercado mundial (1799 – 1925)

Entre 1779 y 1845 se considera un periodo de expansión cacaotera en el país. El crecimiento del comercio exterior se debió principalmente a las reformas borbónicas, que facilitaron la apertura comercial y permitieron expandir las ventas hacia España y otros mercados de Europa. Como resultado, las exportaciones del producto se triplicaron.

Otra situación relevante para esta expansión fue la primera migración importante de la Sierra hacia la Costa, lo que permitió la movilización de la fuerza de trabajo. Las reformas mencionadas impulsaron el comercio exterior y tuvieron un efecto positivo en la economía costeña, pero negativo en la serrana, al provocar la ruina de los obrajes.

Este auge, sin embargo, no se mantuvo. Terminó debido a la combinación de varios factores: la caída del mercado internacional, la inestabilidad política y la fiebre amarilla que debilitó la fuerza laboral.

Durante los siguientes 34 años, hasta 1879, se desarrolló una fase inicial caracterizada por una baja demanda. Luego, se observa un leve crecimiento en la producción y en los precios.

Entre 1880 y 1925 se produce el gran boom cacaotero. El producto llegó a representar  entre el 80% y 90% del total de las ventas al exterior, convirtiendo al Ecuador en el primer exportador mundial.

La producción destinada al mercado externo pasó de unas 12.000  toneladas en 1879 a cerca de 50.000 en 1916, mientras que la cotización se cuadriplicó con respecto a la fase anterior.

Este auge tuvo entre sus principales causas: el incremento de la demanda mundial  -especialmente del cacao fino de aroma- generada por el creciente consumo de chocolate en Europa y Estados Unidos. También contribuyeron el incremento en la superficie de las plantaciones por las condiciones favorables de clima y suelos, las mejoras en la infraestructura portuaria de Guayaquil y la inversión nacional y extranjera.

Este ciclo finalizó en crisis. La disminución de las ventas en el mercado exterior, los efectos de la Primera Guerra Mundial, la competencia de países africanos como Ghana y Costa de Marfil, junto con enfermedades como la “monilia” ( Moniliophthora roreri) y especialmente la “escoba de bruja” (Moniliophthora perniciosa), redujeron las exportaciones entre un 60% y 80%.  

Segundo Ciclo: declive y pérdida de relevancia (1926-1999)

A partir de 1926, el cacao atraviesa un período de retroceso, afectado por factores fitosanitarios y por la depresión económica mundial. Ghana y Costa de Marfil, se consolidan como los principales exportadores, aunque con un producto de menor calidad. La Segunda Guerra Mundial agravó aún más la caída de la demanda.

Mientras el banano se consolida como protagonista de la agroexportación, el cacao se mantiene en declive, con una ligera recuperación. En los cincuenta y sesenta  representa en promedio el 23% de las exportaciones. En los setenta su participación cae al 4% por el auge petrolero y la sobreoferta africana, que desploma los precios.

Tras la caída de los setenta, en los ochenta las ventas externas del grano muestran una recuperación gracias al alza de precios provocada por los problemas políticos en los países africanos productores. En los noventa se mantiene una relativa estabilidad, aunque sin mayor protagonismo.

Tercer Ciclo: recuperación, nuevo boom y… (2000 –  )

Entre 2000 y 2023, las exportaciones ecuatorianas de cacao crecieron de manera sostenida, sobre todo a partir del periodo  2021 – 2025, cuando el valor en el mercado alcanzó niveles récord que llevaron el precio a cerca de US$13.000 por tonelada, aproximadamente cuatro veces el promedio histórico. 

Esto significó que el monto de las exportaciones se elevara a $4,322 millones con un volumen de 602.000 toneladas. En 2025, superamos a Ghana y nos convertimos en el segundo exportador mundial, solo detrás de Costa de Marfil. Esta expansión lo posicionó como el segundo producto no petrolero de exportación, desplazando al banano.

Del mismo modo, el resurgimiento obedeció a la situación en África Occidental, donde las enfermedades y las condiciones climáticas extremas redujeron significativamente la oferta mundial.

Por otra parte, más allá de esta coyuntura de mercado, el éxito logrado se explica también por la inversión en tecnología y genética, el fortalecimiento de la cadena productiva, la diversificación de los mercados y la gestión de los productores y empresas exportadoras ecuatorianas.

Perspectiva

A partir de enero de 2026, los precios mundiales han disminuido significativamente, ubicándose entre $3,000 y $3,500 por tonelada. Este comportamiento refleja una “corrección del mercado”. Tras un periodo de alzas excesivas o especulativas, los precios retornaron a niveles más realistas, ajustándose a las condiciones de  oferta y demanda, que buscan restablecer el equilibrio de las fuerzas del mercado. Es decir, la producción global se incrementó mientras que la demanda de chocolate disminuyó.

Ante este escenario, el futuro del cacao ecuatoriano se proyecta sumamente positivo. Tenemos la ventaja competitiva de producir un cacao fino de aroma  (Nacional Arriba) y el clonal CCN-51 (Colección Castro Naranjal 51), de alta productividad, desarrollado en el país por el agrónomo Homero Castro tras investigaciones realizadas en las décadas de los cincuenta y sesenta.

Desde el año 2005, la siembra de este híbrido se impulsó como política de fomento para la exportación.

Actualmente, el cultivo fino de aroma, con una productividad promedio de 0.73 toneladas hectárea, representa el 20% de las exportaciones. Mientras, que el CCN-51 con  rendimientos promedio de 3.0 toneladas por hectárea, concentra el  80% de las ventas al exterior. Esta combinación de alta calidad y productividad refuerza la competitividad del sector.

De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, en el país existen 517,000 hectáreas destinadas al cultivo de cacao, de las cuales el 87% corresponde a pequeños productores menores de 5 hectáreas.

 Por lo tanto, resulta fundamental profundizar en la investigación, promover la transferencia de tecnología y potenciar la cadena productiva, sumado a un sistema de información que respalde la toma de decisiones de los productores.

No obstante, persisten  riesgos inherentes como la  volatilidad de los precios, la competencia, la posibilidad de sobreoferta, así como factores climáticos, plagas y enfermedades.

A pesar de ello, el futuro de este sector dependerá de que logre mantenerse en el tiempo la visión productiva orientada a la tecnología, productividad, calidad, trazabilidad y certificación, dejando atrás la dependencia exclusiva de la coyuntura de los precios.

Más relacionadas