Trece años después de su salida del Real Madrid, José Mourinho vuelve al Bernabéu llamado por un viejo conocido: la necesidad. Dos temporadas sin títulos han devuelto al club blanco a ese territorio incómodo en el que la paciencia se acaba y donde cualquier proyecto queda subordinado a una exigencia innegociable, ganar.
Para acelerar el cambio, el Real Madrid ya ha invertido cerca de 225 millones de euros en seis incorporaciones con la intención de dar otro pulso a una plantilla que viene de enlazar dos cursos impropios de su historia.
Los últimos, no fueron buenos tiempos. Carlo Ancelotti primero, y después Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa, cerraron un ciclo sin levantar un solo trofeo. El italiano emprendió el camino hacia la selección brasileña; Xabi Alonso y Arbeloa hicieron las maletas rumbo al Chelsea y al Fulham, respectivamente.
La última temporada de ambos dejó un balance insuficiente para un club acostumbrado a medir los años por copas: subcampeón de la Supercopa de España y de LaLiga, eliminado en los cuartos de final de la Liga de Campeones y frenado en los octavos de la Copa del Rey.
En el Real Madrid esos resultados no admiten demasiadas interpretaciones. Son un fracaso. Así lo entendió Florentino Pérez, recién refrendado en la presidencia tras imponerse a Enrique Riquelme en las elecciones. Y recurrió a un viejo remedio que ya funcionó una vez. Mourinho dejó el Benfica para aceptar un desafío muy parecido al que encontró en 2010, cuando aterrizó en un equipo que también había perdido el paso y apenas podía exhibir una Supercopa de España en dos temporadas.
Entonces no solo ganó títulos. Hizo algo quizá más importante: devolvió al equipo el convencimiento de que podía mirar de frente al mejor Barcelona que se recuerda. Aquella Liga de los 100 puntos, la Copa del Rey y la Supercopa de España cambiaron el estado de ánimo del madridismo, aunque la Liga de Campeones se resistiera tres veces consecutivas en las semifinales. Ese recuerdo pesa y el Real Madrid no solo ficha a un entrenador; recupera a un especialista en reconstrucciones urgentes.

También tendrá herramientas para hacerlo. El Real Madrid ha buscado equilibrar las cuentas con las ventas de jugadores formados en la cantera mientras ha reforzado su plantilla con futbolistas de rendimiento inmediato. El nombre más llamativo es el de Marc Cucurella, campeón del mundo con España y fichado del Chelsea por 55 millones de euros. Compartirá la banda izquierda con Álvaro Carreras, incorporación destacada de la pasada temporada.
La defensa suma además a Ibrahima Konaté, que llega libre desde el Liverpool. Las lesiones de David Alaba y Éder Militao durante las últimas campañas, unidas a la falta de constancia de Dean Huijsen, habían convertido esa posición en una prioridad.
También aterriza sin coste Bernardo Silva, un futbolista llamado a devolver pausa y criterio a un centro del campo que nunca terminó de llenar el vacío que dejaron Toni Kroos y Luka Modric. No ha logrado fichar, sin embargo, para esa línea a Rodrigo Hernández, que apunta al Barcelona.
Las otras novedades son Yan Diomande, el desbordante extremo de 19 años por el que ha invertido 125 millones de euros procedente del Leipzig; Denzel Dumfries, lateral derecho incorporado por 25 millones de euros para competir con Trent Alexander-Arnold después del final de ciclo de Dani Carvajal, y Carlos Espí, delantero por el que el club ha pagado 20 millones de euros al Levante con la idea de añadir un perfil distinto al caudal ofensivo que representan Kylian Mbappé, Arda Güler, Brahim Díaz y Vinícius Júnior, renovado hasta 2032.
Para que entren unos, tendrán que salir otros. La cantera ha vuelto a asumir ese papel. Es la que más pierde efectivos, pero también la que más dinero deja. Gonzalo García y César Palacios se han marchado al Fulham, siguiendo el camino de Arbeloa, en una operación que ha supuesto 50 millones de euros para el Real Madrid. Fran García continuará en el Betis tras un traspaso de cuatro millones. Mario Martín, después de jugar cedido la pasada campaña en el Getafe, pasa definitivamente al club azulón por 3,5 millones. Y el guardameta Fran González jugará en el Sevilla tras un traspaso de un millón.
El capítulo de salidas, sin embargo, sigue abierto. Dani Ceballos ya está fuera y busca destino. Lo mismo ocurre con Dani Carvajal y David Alaba.
Con todo ese material tendrá que construir Mourinho su nuevo Madrid. Al final, la pieza decisiva no es ninguna de las que llegan ni de las que pueden marcharse. Es él. Hace más de una década apareció para devolver al equipo el orgullo competitivo cuando el Barcelona parecía haber monopolizado el fútbol español. Ahora regresa porque el club entiende que vuelve a encontrarse ante una encrucijada parecida.
El contexto ha cambiado, los protagonistas también, pero la misión se parece demasiado a aquella. Y en el Bernabéu aún recuerdan que, entre ruido, polémicas y batallas de todo tipo, Mourinho terminó devolviendo al Madrid la costumbre de competir hasta el último día. EFE
