El 10 de agosto de 2026, pocas horas después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia, un llanto débil pero insistente se escuchó entre las ruinas del edificio Torres del Limonar, en el barrio Capri, al sur de Cali. Era Salomón, un bebé de apenas dos meses, que permanecía atrapado bajo toneladas de concreto junto a su padre, Juan David.
El colapso del edificio de cinco pisos había dejado decenas de personas atrapadas. Vecinos y voluntarios comenzaron a remover escombros con las manos. Entre ellos estaba Brian Osorio Zuluaga, quien al pedir silencio escuchó un susurro: “Sí, aquí estoy. Estoy con un bebé”. Esa voz pertenecía a Juan David.
El subintendente de la Policía Nacional Ronald García, que patrullaba la zona, se unió a la labor. Capa por capa, con ayuda de vecinos, avanzaron hasta encontrar la cabeza del pequeño. Salomón estaba “moradito”, con dificultad para respirar y restos de sangre. García lo limpió con cuidado. El padre, aún atrapado, solo repetía una súplica: que no dejaran morir a su hijo.
Cuando lograron liberarlo, el bebé lloró con fuerza. Ese llanto se convirtió en el sonido de la esperanza. Juan David también fue rescatado. Ambos fueron trasladados de inmediato a la Fundación Valle del Lili, donde se reportaron estables y fuera de peligro.
La historia familiar, sin embargo, quedó incompleta. La madre de Salomón, Valentina Vanegas, y un tío seguían desaparecidos entre los escombros del mismo edificio. La familia, desesperada, hizo llamados públicos pidiendo que las labores de búsqueda no se detuvieran. Una prima de Valentina, Juliana Velázquez, expresó la angustia de no tener certeza sobre su ubicación exacta.
Madre, desaparecida
Salomón y Juan David habían sobrevivido gracias a que el padre protegió al bebé con su propio cuerpo durante el derrumbe. En medio del polvo, la oscuridad y el miedo, Juan David sostuvo a su hijo hasta que llegaron los rescatistas. Ese gesto de protección paternal se transformó en uno de los momentos más emotivos de los primeros rescates en Cali.
El caso de Salomón se sumó a otras historias de sobrevivencia en Torres del Limonar y en el resto de la ciudad, donde los equipos de emergencia y voluntarios trabajaron sin descanso. Mientras el bebé y su padre se recuperaban en el hospital, la búsqueda de Valentina Vanegas y de otras personas atrapadas continuaba bajo los escombros.

