Peter Hegemann estuvo a punto de no enterarse a tiempo de que había ganado el Nobel de Medicina. Recibió un correo de un desconocido: «Llámame, tengo algo importante para ti». Al principio no le hizo caso. Después se fijó en el prefijo del número y, por su experiencia como navegante, lo asoció con Suecia. Devolvió la llamada y le contestó el presidente del comité Nobel. Faltaba poco para las 11:00, la hora del anuncio. «Estaba realmente abrumado», dijo en una entrevista telefónica con la Fundación Nobel.
El científico alemán, de 71 años, comparte el Nobel de Medicina 2026 con Georg Nagel y Karl Deisseroth, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y la optogenética. A los dos los describe como «amigos» y colaboradores de muchos años.
Nació el 11 de diciembre de 1954 en Münster. Creció en Aquisgrán, en un ambiente muy tradicional y en una familia de médicos. Estudió en un liceo humanista y no le gustaba la escuela, salvo química, física, biología, arte y música. Pasó años traduciendo lo que le parecían aburridos relatos de las guerras de griegos y romanos. Fuera de clase tocaba la flauta en una orquesta y andaba en moto.
Estudió química en Münster y Múnich y se doctoró en 1984 en el Instituto Max Planck de Bioquímica. Un año después se fue como posdoctorando a la Universidad de Siracusa, en Nueva York, donde ya intentaba aislar el fotorreceptor de un alga verde unicelular, Chlamydomonas. Tras pasar por Múnich y Ratisbona, es profesor de Biofísica Experimental en la Universidad Humboldt de Berlín desde 2005.
Fracaso y éxito
Su carrera estuvo marcada por una decisión arriesgada. Su director, Dieter Oesterhelt, le dio a elegir: quedarse con él hasta la jubilación o hacer su propia investigación y marcharse en cinco años. Hegemann eligió el camino incierto. «Siempre se fracasa. El pan de cada día es el fracaso», ha dicho. Para él, los hallazgos salen de «una combinación de azar y de mirar con atención».
Todo empezó con una pregunta sencilla: cómo percibe la luz un alga y cómo se orienta hacia ella. En 1991 demostró que la luz genera corrientes eléctricas en Chlamydomonas. En 2002 y 2003, junto con Nagel, describió las canalrodopsinas, proteínas que funcionan a la vez como sensor de luz y como canal iónico. Esa fue la base que Deisseroth usó en 2005 para controlar neuronas con luz.
Recuerda con humor que la revista Science presentó el hallazgo como «un canal iónico de la espuma de estanque», algo que no les hizo gracia a los especialistas en el alga. Su consejo para los jóvenes es claro: «No deberían mejorar la optogenética. Deberían trabajar en algo nuevo. Hay tantas criaturas interesantes para estudiar».

