Lelio habla en favor de la alineación política en el arte

Cienasta Sebastián Leilio, foto El Desconcierto

El cineasta chileno Sebastián Lelio, miembro en la presente Berlinale del jurado presidido por la francesa Juliette Binoche, opina que actualmente «la alineación política del arte vuelve a tomar una relevancia central».

En entrevista con Efe, Lelio subraya que «no hay ninguna obligación per se» para el cineasta de adoptar una posición política pues, en su opinión, «la maravilla del arte está en la libertad».

En tiempos como los actuales, «de retroceso, de deshacer conquistas colectivas, de desarmar lo que ha costado tanto construir, de volver a un lenguaje que lo simplifica todo, que tiende a ser antiintelectual, que tiende a ser antihumanista, la alineación política del arte vuelve a tomar una relevancia central», afirma.

Agrega que en lo personal, lo que le conmueve hoy y lo que le conmueve intentar hacer «está cargado con esa energía que parece de alguna manera decir: ‘Despertemos. No nos distraigamos'».

No obstante, subraya, eso puede decirse «en distintos tonos», no tiene por qué ser «de manera solemne», porque «hay muchas formas de tocar esa campana de alerta».

Para Lelio, «es evidente lo que está pasando en Brasil, en Argentina, en Estados Unidos, el resurgimiento de las extremas derechas en Europa, el ‘brexit'».

Es, advierte, «una señal de lo que viene» -«tiempos difíciles»- y que ahora «está recién partiendo», una «ola» que de aquí a unos diez años «va a estar en su apogeo».

Películas como «Una mujer fantástica», Oso de Plata al mejor guión en la Berlinale de 2017, protagonizada por una mujer transsexual, o «Temblores», del guatemalteco Jayro Bustamante, este año en el festival y con un personaje homosexual como protagonista, surgen «no porque los directores se hayan puesto de acuerdo».

Surgen, dice, porque «también el cine tiene esa capacidad de morder lo que está en el aire» y de «apuntar y arrojar luz sobre las problemáticas que de pronto se vuelven urgentes».

Precisamente su próximo filme, «Gloria Bell», la versión anglo de «Gloria» -Oso de Plata a la mejor actriz para Paulina García en la Berlinale de 2013-, la historia de una mujer que reclama su derecho a ser vista, a ser escuchada, al acceso al placer, adquiere en el Estados Unidos de Donald Trump, donde se estrena el 8 de marzo, también «una urgencia nueva», dice.

«En ese sentido, sí, todo es político, incluso el que intenta hacer una película apolítica y escapista, está haciendo un acto político, lo sepa o no», afirma.

«Gloria» ya existe y «funcionó como funcionó», señala; la de ahora es «otra ‘Gloria'», interpretada por Julianne Moore y con John Turturro, entre otros, y en ese sentido, «es como una obra de teatro que se vuelve a montar en otro país con otra compañía».

Según Lelio, la primera «Gloria» tendió a «adelantarse un poco a lo que venía», a la idea de la mujer en el centro de la discusión, mientras que «‘Gloria Bell’ está exactamente en su tiempo».

Respecto a la salud de la cinematografía en su país, Lelio recuerda que cuando su generación lanzó sus primeras películas, el cine chileno estaba en el proceso de reconstruirse tras ser desmantelado por la dictadura.

«Han sido años de volver a poner en marcha la maquinaria que hace que la cinematografía de un país esté saludable: escuelas de cine, pensamientos en torno al cine, aprendizaje de los equipos técnicos y artísticos y, sobre todo, lo más crucial y lo más frágil, la continuidad», explica.

A pesar del apoyo estatal -«que financia solamente seis películas al año»- y aunque hay más ayuda que hace unos años, «aún sigue siendo una industria completamente frágil», justamente porque «lo que no asegura es la posibilidad de que exista continuidad», señala.

Esto ocurre entre otras razones porque Chile es un país pequeño y el mercado, también, aclara.

«Pero si se entiende que el cine es una actividad artística y técnica que da muchísimos empleos, pero que al mismo tiempo genera la imagen de lo que un país es hacia el exterior, de su capacidad intelectual, de su vuelo poético, de su dimensión estética, claro que se siente que el apoyo es poco y que todo sigue como colgando de un hilo». agrega.

Respecto a su participación como miembro del jurado, en este «nuevo episodio» que le ofrece el festival, Lelio afirma estar «encantado de asistir y ver justamente el otro lado de la fiesta», lo que califica de «regalo» y «privilegio».

Aunque más relajado que estar con una película a competición, ser del jurado en un festival ha sido «fundamental» en su trayectoria, pero comporta también mucho trabajo y «la presión de la responsabilidad que hay detrás de entregar los Osos». EFE (I)

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