Ecuador, domingo 21 de enero de 2018

Abracadabra

Por Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

Se sostenía, por lo menos en los libros de cuentos para niños y adolescentes, que la palabra “Abracadabra” tenía un poder mágico y que era suficiente pronunciarla para que se produjera el hechizo buscado. Para los adultos, nunca pasó de ser una expresión que usaban para jugar con los más pequeños. Las palabras, a ojos de quienes se sentían muy maduros, no podían tener ninguna carga mágica ni mucho menos provocar hechizos.

Por Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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Se sostenía, por lo menos en los libros de cuentos para niños y adolescentes, que la palabra “Abracadabra” tenía un poder mágico y que era suficiente pronunciarla para que se produjera el hechizo buscado. Para los adultos, nunca pasó de ser una expresión que usaban para jugar con los más pequeños. Las palabras, a ojos de quienes se sentían muy maduros, no podían tener ninguna carga mágica ni mucho menos provocar hechizos.

Si nos olvidáramos por un instante de aquellos cuentos infantiles que llenaron nuestra niñez de fantasmas, monstruos, ogros, dragones, de terror y también de felicidad, aquellos cuentos que la inquisición psicoanalítica de lo “políticamente correcto” arrojó a la hoguera, llegaríamos a la conclusión de que las palabras sí poseen un contenido mágico y que los hechizos se materializan delante de nuestros ojos con precisión sorprendente.

Desde que estalló la crisis económica que azota tanto a occidente como a oriente, al hemisferio norte y al sur, los políticos y los economistas, a los que se les ha perdido la brújula, se están viendo en serios aprietos para poder explicar a los demás lo que está ocurriendo. En un programa de televisión, “El intermedio”, en el que su presentador, el Gran Wyoming (así se llama a sí mismo), comenta en sorna las noticias del día, se hizo un repaso de todas las palabras a las que están echando mano los políticos para referirse a la crisis y a las medidas, todas ellas dramáticas, que se están viendo obligados a tomar presionados por poderosos centros financieros.

La palabra “crisis” ha desaparecido del lenguaje de los políticos para ser sustituida por otras menos contundentes y que obligan a realizar “recortes” en los presupuestos de áreas tan sensibles como la educación y la salud pública. No se habla de “aumento de impuestos” sino de “ajustes fiscales”; no se dice “rebaja de salarios” sino “sinceramiento salarial”, y así sucesivamente.

Para complicar el panorama, los catalanes, en un gesto demagógico del presidente de la Generalitat, Artur Mas, lanzaron la idea de independizarse del resto de España. La palabra “independencia” también puede sonar dura a ciertos oídos, por lo que ha sido sustituida por “decidir por nosotros mismos”, “el derecho que tiene Cataluña de construir su propio futuro”, “el deseo de los catalanes de ejercer su propia soberanía”, etcétera. Pero ninguno de los políticos partidarios de la secesión catalana se atreve a pronunciar en sus discursos la palabra “independencia” aunque sea esto lo que proponen y lo que desean.

Las cosas no se le ponen fáciles a Mariano Rajoy, presidente de Gobierno, ya que no pasa día sin que se realice una manifestación contra sus políticas de austeridad, recortes, ahorro, rigurosidad y el incansable pedido a los españoles que se sacrifiquen aún más para salir adelante. Debido a unas manifestaciones multitudinarias que se realizaron en Madrid frente al Congreso, ante la evidencia de que existe un descontento profundo, una indignación que ya no se contiene, Rajoy desarrolló la antigua teoría de “las mayorías silenciosas” que había inventado el presidente Richard Nixon ante las protestas por la guerra de Vietnam. Era evidente entonces, como ahora, que la gente en la calle, cinco mil, diez mil, quince mil personas, son nada más que una pequeña parte de los 47 millones de habitantes que tiene España. Por lo tanto, “esa inmensa mayoría silenciosa, la que se queda en su casa, la que no se lanza a la calle, la que no protesta, la que está invisible para los medios de comunicación” es la que debe ser escuchada.

En ese mismo programa de televisión, Wyoming decidió lanzar la campaña: “Toma tu casa” para este domingo (ayer, según se publica esta columna) ¡a las 7.00 de la mañana! De acuerdo a los horarios que aquí se acostumbran, un domingo, y a esa hora, ni siquiera el lechero está en la calle. Es una campaña descabellada, es verdad, pero no hay otro camino que el absurdo para poner en evidencia la absurdidad: ¡las mayorías silenciosas están manifestándose!

Después de esto pienso que, quizá, la palabra “abracadabra” puede tener su carga de verdad, al igual que todas las otras: crisis, recortes, despidos, desempleo, independencia, que ni bien se pronuncian, el hechizo se materializa y miles de personas salen a la calle a protestar. Volvamos al diccionario de sinónimos a ver si encontramos aquella que necesitamos para arreglar la actualidad.

* El texto de Jesús Ruiz Nestosa ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color, de Paraguay.