Terror interminable
Guayaquil, Ecuador
Miércoles, cinco de noviembre.
Miércoles, cinco de noviembre.
Todo el mundo sigue conmocionado por los ataques que se dieron en la Ville Lumière.
No salgo de mi sorpresa al constatar que Guillermo Lasso fue el único dirigente opositor que se atrevió a felicitar, con claridad y sin medias tintas, a los generales que el lunes acudieron a la Corte Nacional de Justicia a rechazar la farsa judicial montada para someter a las fuerzas armadas.
Eisenstein in Guanajuato es la nueva película de Peter Greenaway.
Empezaré diciendo que el sentido esencial de la democracia como sistema de gobierno consiste en que incluso aquellos que se levantan contra ella y que la desconocen, tengan garantizados sus derechos humanos, el debido proceso, el acceso a la Justicia, el derecho a la defensa y a un juicio imparcial, así como las demás garantías que un régimen democrático concede a sus ciudadanos.
Entre la espada y la pared, ahí es donde se sitúa el gobierno ecuatoriano en materia económica estos días.
“Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio” – Bertolt Brecht.
Creció con el siglo una nueva forma de terrorismo, la del terrorismo suicida, ejercida por quienes creen que al morir van al paraíso y entonces no luchan con armas iguales.
Solían ser entre tribus.
He leído en un despacho de la agencia EFE que la militante de Alfaro Vive Carajo, Susana Cajas, actual asambleísta alterna del Movimiento PAIS, hace votos porque los jóvenes que en el futuro quieran tener participación política no se vean obligados como ella a tomar las armas.
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